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4 septiembre 2027

MODO DE VIVIR: Optimismo como consecuencia de la fe

Optimismo como consecuencia de la fe

Camino 717.- ¡Bienaventuradas malaventuras de la tierra! -Pobreza, lágrimas, odios, injusticia, deshonra... Todo lo podrás en Aquel que te confortará.

SURCO 118.- Sé atrevido en tu oración, y el Señor te transformará de pesimista en optimista; de tímido en audaz; de apocado de espíritu en hombre de fe, ¡en apóstol!

FORJA 355.- Suceda lo que suceda, persevera en tu camino; persevera, alegre y optimista, porque el Señor se empeña en barrer todos los obstáculos.
-Óyeme bien: ¡estoy seguro de que, si luchas, serás santo!

CRECER PARA ADENTRO.- Parece como si el Señor hubiese descargado el látigo de su ira sobre estas naciones que han abandonado el espíritu del Evangelio. Pero la Obra crecerá, se esparcirá por todo el mundo y, entonces, influyendo sobre los destinos de los pueblos, contribuirá a encaminar el mundo hacia la verdadera paz, una paz que durará siglos, en la que habrá que procurar la auténtica unión de todos los hombres bajo el yugo de Cristo. Es labor no de un día, sino de siglos, pero que el mundo, sin duda, ha de conocer. Pensad cada uno sobre esto, según el grado de conocimiento que tengáis de la Obra y de sus fines, y sabed que no he dicho aún todo lo que acerca de esta materia está ya pensado.

Estas palabras de San Josemaría ponen claramente de manifiesto que desde el principio tenía la firme convicción de que el Opus Dei habría de contribuir poderosamente a establecer la paz y concordia entre las naciones, como fruto del espíritu profundamente evangélico que lo anima. Ideas parecidas dejó escritas en la Instrucción que había comenzado a redactar en mayo de 1935, y que concluiría en 1950. Es de admirar su profunda fe y su gran optimismo, pues -al predicar esta meditación- la Obra, compuesta todavía por muy pocas personas, no tenía relieve público alguno.