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2 septiembre 2027

MODO DE VIVIR: Obediencia inteligente

Obediencia inteligente

Camino 615.- Templa tu voluntad, viriliza tu voluntad: que sea, con la gracia de Dios, como un espolón de acero.
-Sólo teniendo una fuerte voluntad sabrás no tenerla para obedecer.

SURCO 12.- Aquel conocido tuyo, muy inteligente, buen burgués, buena persona, decía: "cumplir la ley, pero con tasa, sin pasarse de la raya, lo más escuetamente posible".
Y añadía: "¿pecar?, no; pero darse, tampoco".
Causan verdadera pena esos hombres mezquinos, calculadores, incapaces de sacrificarse, de entregarse por un ideal noble.

FORJA 401.- ¡Clavarse en la Cruz! Esta aspiración, como luz nueva, venía a la inteligencia, al corazón y a los labios de aquella alma, muchas veces.
-¿Clavarse en la Cruz?: ¡cuánto cuesta!, se decía. Y eso que sabía muy bien el camino: «agere contra!» -negarse a sí mismo, Por eso suplicaba: ¡ayúdame, Señor!

CRECER PARA ADENTRO.- Ut omnes unum sint... Que seamos todos una sola cosa. Lo pide Jesús a su Padre en la Última Cena. Ya antes había dicho: omne regnum divisum contra se desolabitur, et omnis civitas vel domus divisa contra se non stabit: todo reino dividido contra sí mismo será desolado, no permanecerá. Se precisa, por tanto, unidad de inteligencia, unidad de voluntad y unidad de corazón. Aquí tenéis materia de meditación suficiente para llenar la media hora.

CONVERSACIONES 002.- No concibo que pueda haber obediencia verdaderamente cristiana, si esa obediencia no es voluntaria y responsable. Los hijos de Dios no son piedras o cadáveres: son seres inteligentes y libres, y elevados todos al mismo orden sobrenatural, como la persona que manda. Pero no podrá hacer nunca recto uso de la inteligencia y de la libertad -para obedecer, lo mismo que para opinar- quien carezca de suficiente formación cristiana. Por eso, el problema de fondo de la "necesaria opinión pública en la Iglesia" es equivalente al problema de la necesaria formación doctrinal de los fieles. Ciertamente, el Espíritu Santo distribuye la abundancia de sus dones entre los miembros del Pueblo de Dios -que son todos corresponsables de la misión de la Iglesia-, pero esto no exime a nadie, sino todo lo contrario, del deber de adquirir esa adecuada formación doctrinal.