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Oración confiada y perseverante
Camino 99.- Cuando vayas a orar, que sea éste un firme propósito: ni más tiempo por consolación, ni menos por aridez.
SURCO 91.- Esperar no significa empezar a ver la luz, sino confiar con los ojos cerrados en que el Señor la posee plenamente y vive en esa claridad. Él es la Luz.
FORJA 353.- En tu oración de infancia espiritual, ¡qué cosas más pueriles le dices a tu Señor! Con la confianza de un niño que habla al Amigo grande, de cuyo amor está seguro, le confías: ¡que yo viva sólo para tu gloria!
Recuerdas y reconoces lealmente que todo lo haces mal: eso, Jesús mío -añades-, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale.
Luego, audazmente y sin apartarte de la verdad, continúas: empápame, emborráchame de tu Espíritu, y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago..., es que no me ayudas. ¡Pero sí me ayudas!
Crecer para adentro.- Una condición esencial de la oración, para que sea eficaz, es la perseverancia. Hablaba ayer, con uno de vosotros, de comenzar a rezar para conseguir una salida rápida de este lugar: rezar con el mismo ímpetu, con la misma fe, con la misma constancia con que otras veces nos lo hemos propuesto para salvar situaciones difíciles. Roguemos, pues, todos unidos, y tengamos confianza en que nuestra oración perseverante y llena de fe será escuchada.