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27 agosto 2027

MODO DE VIVIR: Obediencia

Obediencia

Camino 614.- En los trabajos de apostolado no hay desobediencia pequeña.

SURCO 373.- En el apostolado, obedece sin fijarte en las condiciones humanas del que manda, ni en cómo manda. Lo contrario no es virtud.
Cruces hay muchas: de brillantes, de perlas, de esmeraldas, de esmaltes, de marfil...; también de madera, como la de Nuestro Señor. Todas merecen igual veneración, porque la Cruz nos habla del sacrificio de Dios hecho Hombre. -Lleva esta consideración a tu obediencia, sin olvidar que Él se abrazó amorosamente, ¡sin dudarlo!, al Madero, y allí nos obtuvo la Redención.
Sólo después de haber obedecido, que es señal de rectitud de intención, haz la corrección fraterna, con las condiciones requeridas, y reforzarás la unidad por medio del cumplimiento de ese deber.

FORJA 339.- No podemos tener la pretensión de que los Ángeles nos obedezcan... Pero tenemos la absoluta seguridad de que los Santos Ángeles nos oyen siempre.

Amigos de Dios 166.- No cabe escudarse en razones aparentemente piadosas, para expoliar a los otros de aquello que les pertenece: si alguno dice: si, yo amo a Dios, al paso que aborrece a su hermano, es un mentiroso (1 Ioh IV, 20). Pero también se engaña el que regatea al Señor el amor y la reverencia -la adoración- que le son debidos como Creador y Padre Nuestro; y el que se niega a obedecer a sus mandamientos, con la falsa excusa de que alguno resulta incompatible con el servicio a los hombres, pues claramente advierte San Juan que en esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, si amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. Porque el amor de Dios consiste en que observemos sus mandatos; y sus mandatos no son pesados (1 Inh V, 2-3).
Quizá oiréis a muchos -¡en nombre de la funcionalidad, cuando no de la caridad!- que peroran y se inventan teorías, con el fin de recortar las muestras de respeto y de homenaje a Dios. Todo lo que sea para honrar al Señor les parece excesivo. No les hagáis caso: vosotros continuad vuestro camino. Esas elucubraciones se limitan a controversias que a nada conducen, como no sea a escandalizar a las almas y a impedir que se cumpla el precepto de Jesucristo, de entregar a cada uno lo suyo, de practicar con delicada entereza la virtud santa de la justicia.