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Prudencia en el apostolado
Camino 643.- No pongas fácilmente de manifiesto la intimidad de tu apostolado: ¿no ves que el mundo está lleno de egoístas incomprensiones?
Surco 23.- Le ha llegado el momento de la dura prueba, y ha venido a buscarte desconsolado.
¿Te acuerdas? Para él -el amigo que te daba consejos "prudentes"-, tu modo de proceder no era más que utopía, fruto de una deformación de ideas, captación de voluntades, y... "agudezas" por el estilo.
-"Este entregarse al Señor -sentenciaba- es una exacerbación anormal del sentimiento religioso". Y, con su pobre lógica, pensaba que entre tu familia y tú se había interpuesto un extraño: Cristo.
Ahora ha entendido lo que tantas veces le repetías: Cristo no separa jamás a las almas.
FORJA 6.- No tengas miedo, ni te asustes, ni te asombres, ni te dejes llevar por una falsa prudencia.
La llamada a cumplir la Voluntad de Dios -también la vocación- es repentina, como la de los Apóstoles: encontrar a Cristo y seguir su llamamiento...
-Ninguno dudó: conocer a Cristo y seguirle fue todo uno.
Amigos de Dios 72.- Amados hermanos míos -de nuevo, la voz de San Pablo-, estad firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor, pues que sabéis que vuestro trabajo no quedará sin recompensa delante de Dios (1 Cor XV, 58). ¿Veis? Es toda una trama de virtudes la que se pone en juego al desempeñar nuestro oficio, con el propósito de santificarlo: la fortaleza, para perseverar en nuestra labor, a pesar de las naturales dificultades y sin dejarse vencer nunca por el agobio; la templanza, para gastarse sin reservas y para superar la comodidad y el egoísmo; la justicia, para cumplir nuestros deberes con Dios, con la sociedad, con la familia, con los colegas; la prudencia, para saber en cada caso qué es lo que conviene hacer, y lanzarnos a la obra sin dilaciones... Y todo, insisto, por Amor, con el sentido vivo e inmediato de la responsabilidad del fruto de nuestro trabajo y de su alcance apostólico.
Obras son amores, y no buenas razones, reza el refrán popular, y pienso que es innecesario añadir nada más.
Señor, concédenos tu gracia. Ábrenos la puerta del taller de Nazaret, con el fin de que aprendamos a contemplarte a Ti, con tu Madre Santa María, y con el Santo Patriarca José -a quien tanto quiero y venero-, dedicados los tres a una vida de trabajo santo. Se removerán nuestros pobres corazones, te buscaremos y te encontraremos en la labor cotidiana, que Tú deseas que convirtamos en obra de Dios, obra de Amor.