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24 agosto 2027

MODO DE VIVIR: Naturalidad en el apostolado

Naturalidad en el apostolado

Camino 410.- Que tu virtud no sea una virtud sonora.

Camino 648.- Si callas lograrás más eficacia en tus empresas de apóstol -¡a cuántos se les va "la fuerza" por la boca!- y te evitarás muchos peligros de vanagloria.

SURCO 188.- Naturalidad, sinceridad, alegría: condiciones indispensables, en el apóstol, para atraer a las gentes.

FORJA 969.- Los católicos hemos de andar por la vida como apóstoles: con luz de Dios, con sal de Dios. Sin miedo, con naturalidad, pero con tal vida interior, con tal unión con el Señor, que alumbremos, que evitemos la corrupción y las sombras, que repartamos el fruto de la serenidad y la eficacia de la doctrina cristiana.

Amigos de Dios 35.- Esclavitud por esclavitud -si, de todos modos, hemos de servir, pues, admitiéndolo o no, ésa es la condición humana-, nada hay mejor que saberse, por Amor, esclavos de Dios. Porque en ese momento perdemos la situación de esclavos, para convertirnos en amigos, en hijos. Y aquí se manifiesta la diferencia: afrontamos las honestas ocupaciones del mundo con la misma pasión, con el mismo afán que los demás, pero con paz en el fondo del alma; con alegría y serenidad, también en las contradicciones: que no depositamos nuestra confianza en lo que pasa, sino en lo que permanece para siempre, no somos hijos de la esclava, sino de la libre (Gal IV, 31).
¿De dónde nos viene esta libertad? De Cristo, Señor Nuestro. Esta es la libertad con la que El nos ha redimido (Cfr. Gal IV. 31). Por eso enseña: si el Hijo os alcanza la libertad, seréis verdaderamente libres (Ioh VIII. 36). Los cristianos no tenemos que pedir prestado a nadie el verdadero sentido de este don, porque la única libertad que salva al hombre es cristiana.
Me gusta hablar de la aventura de la libertad, porque así se desenvuelve vuestra vida y la mía. Libremente -como hijos, insisto, no como esclavos-, seguimos el sendero que el Señor ha señalado para cada uno de nosotros. Saboreamos esta soltura de movimientos como un regalo de Dios.
Libremente, sin coacción alguna, porque me da la gana, me decido por Dios. Y me comprometo a servir, a convertir mi existencia en una entrega a los demás, por amor a mi Señor Jesús. Esta libertad me anima a clamar que nada, en la tierra, me separará de la caridad de Cristo (Cfr. Rom VIII, 39).