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Postrimerías
Camino 601.- ¿Soberbia? -¿Por qué?...Dentro de poco -años, días- serás un montón de carroña hedionda: gusanos, licores malolientes, trapos sucios de la mortaja..., y nadie, en la tierra, se acordará de ti.
SURCO 879.- La muerte llegará inexorable. Por lo tanto, ¡qué hueca vanidad centrar la existencia en esta vida! Mira cómo padecen tantas y tantos. A unos, porque se acaba, les duele dejarla; a otros, porque dura, les aburre... No cabe, en ningún caso, el errado sentido de justificar nuestro paso por la tierra como un fin.
Hay que salirse de esa lógica, y anclarse en la otra: en la eterna. Se necesita un cambio total: un vaciarse de sí mismo, de los motivos egocéntricos, que son caducos, para renacer en Cristo, que es eterno.
FORJA 1001.- Sigue adelante, con alegría, con esfuerzo, aun siendo tan poca cosa, ¡nada!
-Con Él nadie te parará en el mundo. Piensa, además, que todo es bueno para los que aman a Dios: en esta tierra se puede arreglar todo, menos la muerte: y para nosotros la muerte es Vida.
En diálogo con el Señor, 2d.- «Aunque no siempre se traduzca en palabras»-, al acabar este párrafo se lee en la transcripción una mención al Soneto a Cristo crucificado, joya de la poesía mística española del siglo xvi, de autor desconocido: «Y vienen a la memoria recuerdos de otros tiempos, cosas que parecen de beatería pero son de amor, de amor fuerte: “No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muévesme tú, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme el verte tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte...”. Ese anónimo castellano sabía llevar las almas a Dios. “Aunque no hubiera infierno, te temiera... aunque no hubiera cielo, yo te amara...”. Pero pensad en el cielo. Es bueno. Es esperanza».