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10 agosto 2027

MODO DE VIVIR: Penitencias

Penitencias

Camino 200.- No te vences, no eres mortificado, porque eres soberbio. -¿Que tienes una vida penitente? No olvides que la soberbia es compatible con la penitencia... -Más razones: la pena tuya, después de la caída, después de tus faltas de generosidad, ¿es dolor o es rabieta de verte tan pequeño y sin fuerzas? -Qué lejos estás de Jesús, si no eres humilde..., aunque tus disciplinas florezcan cada día rosas nuevas!

SURCO 999.- Mientras descansa la Sagrada Familia, se aparece el Ángel a José, para que huyan a Egipto. María y José toman al Niño y emprenden el camino sin demora. No se rebelan, no se excusan, no esperan a que termine la noche...: di a Nuestra Madre Santa María y a Nuestro Padre y Señor San José que deseamos amar prontamente toda la penitencia pasiva.

FORJA 207.- Lo que perdió la carne, páguelo la carne: haz penitencia generosa.

Amigos de Dios 139.- Podría seguir señalándote una multitud de detalles -te he citado sólo los que ahora me venían a la cabeza-, que puedes aprovechar a lo largo del día, para acercarte más y más a Dios, más y más a tu prójimo. Si te he mencionado esos ejemplos, insisto, no es porque yo desprecie las grandes penitencias; al contrario, se demuestran santas y buenas, y aun necesarias, cuando el Señor llama por ese camino, contando siempre con la aprobación de quien dirige tu alma. Pero te advierto que las grandes penitencias son compatibles también con las caídas aparatosas, provocadas por la soberbia. En cambio, con ese deseo continuo de agradar a Dios en las pequeñas batallas personales -como sonreír cuando no se tienen ganas: yo os aseguro, además, que en ocasiones resulta más costosa una sonrisa que una hora de cilicio-, es difícil dar pábulo al orgullo, a la ridícula ingenuidad de considerarnos héroes notables: nos veremos como un niño que apenas alcanza a ofrecer a su padre naderías, pero que son recibidas con inmenso gozo.
Luego, ¿un cristiano ha de ser siempre mortificado? Sí, pero por amor. Porque este tesoro de nuestra vocación lo llevamos en vasos de barro, para que se reconozca que la grandeza del poder es de Dios y no nuestra. Nos vemos acosados de toda suerte de tribulaciones, pero no por eso perdemos el ánimo; nos hallamos en grandes apuros, mas no por eso desesperados; somos perseguidos, mas no abandonados; abatidos, mas no enteramente perdidos; traemos siempre en nuestro cuerpo por todas partes la mortificación de Jesús a fin de que la vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos (2 Cor IV, 7- l0).