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Medios para ser santos
Camino 470.- Pero... ¿y los medios? -Son los mismos de Pedro y de Pablo, de Domingo y Francisco, de Ignacio y Javier: el Crucifijo y el Evangelio...
-¿Acaso te parecen pequeños?
Surco 3.- "Pida por mí -decías-: que sea generoso, que adelante, que llegue a transformarme de tal modo que algún día pueda ser útil en algo".
Bien. -Pero, ¿qué medios pones para que esos propósitos resulten eficaces?
FORJA 10.- Piensa en lo que dice el Espíritu Santo, y llénate de pasmo y de agradecimiento: «elegit nos ante mundi constitutionem» -nos ha elegido, antes de crear el mundo, «ut essemus sancti in conspectu eius!» -para que seamos santos en su presencia.
-Ser santo no es fácil, pero tampoco es difícil, Ser santo es ser buen cristiano: parecerse a Cristo. -El que más se parece a Cristo, ése es más cristiano, más de Cristo, más santo.
-Y ¿qué medios tenemos? -Los mismo que los primeros fieles, que vieron a Jesús, o lo entrevieron a través de los relatos de los Apóstoles o de los Evangelistas.
Amigos de Dios 63.- No estoy hablando de ideales imaginarios. Me atengo a una realidad muy concreta, de importancia capital, capaz de cambiar el ambiente más pagano y más hostil a las exigencias divinas, como sucedió en aquella primera época de la era de nuestra salvación. Saboread estas palabras de un autor anónimo de esos tiempos, que así resume la grandeza de nuestra vocación: los cristianos son para el mundo lo que el alma para el cuerpo. Viven en el mundo, pero no son mundanos, como el alma está en el cuerpo, pero no es corpórea. Habitan en todos los pueblos, como el alma está en todas las partes del cuerpo. Actúan por su vida interior sin hacerse notar, como el alma por su esencia... Viven como peregrinos entre cosas perecederas en la esperanza de la incorruptibilidad de los cielos, como el alma inmortal vive ahora en una tienda mortal. Se multiplican de día en día bajo las persecuciones, como el alma se hermosea mortificándose... Y no es licito a los cristianos abandonar su misión en el mundo, como al alma no le está permitido separarse voluntariamente del cuerpo (Epístola ad Diognetum, 6 (PG 2, 1175).
Por tanto, equivocaríamos el camino si nos desentendiéramos de los afanes temporales: ahí os espera también el Señor; estad ciertos de que a través de las circunstancias de la vida ordinaria, ordenadas o permitidas por la Providencia en su sabiduría infinita, los hombres hemos de acercarnos a Dios. No lograremos ese fin si no tendemos a terminar bien nuestra tarea; si no perseveramos en el empuje del trabajo comenzado con ilusión humana y sobrenatural; si no desempeñamos nuestro oficio como el mejor y si es posible -pienso que si tú verdaderamente quieres, lo será- mejor que el mejor, porque usaremos todos los medios terrenos honrados y los espirituales necesarios, para ofrecer a Nuestro Señor una labor primorosa, acabada como una filigrana, cabal.