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Instrumentos de Dios en el apostolado
Camino 485.- Bien. ¿Y qué? -No entiendo cómo te puedes retraer de esa labor de almas -si no es por oculta soberbia: te crees perfecto-, porque el fuego de Dios que te trajo, además de la luz y del calor que te entusiasman, dé a veces el humo de la flaqueza de los instrumentos.
SURCO 181.- Veíamos, mientras hablábamos, las tierras de aquel continente. -Se te encendieron en lumbres los ojos, se llenó de impaciencia tu alma y, con el pensamiento en aquellas gentes, me dijiste: ¿será posible que, al otro lado de estos mares, la gracia de Cristo se haga ineficaz?
Luego, tú mismo te diste la respuesta: Él, en su bondad infinita, quiere servirse de instrumentos dóciles.
FORJA 614.- El Señor espera que los instrumentos hagan lo posible para estar dispuestos: y tú has de procurar que nunca falte esa buena disposición tuya.
Amigos de Dios 154.- Aquí estamos, consummati in unum! (Ioh XVII. 23), en unidad de petición y de intenciones, dispuestos a comenzar este rato de conversación con el Señor, con el deseo renovado de ser instrumentos eficaces en sus manos. Ante Jesús Sacramentado -¡cómo me gusta hacer un acto de fe explícita en la presencia real del Señor en la Eucaristía!-, fomentad en vuestros corazones el afán de transmitir, con vuestra oración, un latido lleno de fortaleza que llegue a todos los lugares de la tierra, hasta el último rincón del planeta donde haya un hombre que gaste generosamente su existencia en servicio de Dios y de las almas. Porque, gracias a la inefable realidad de la Comunión de los Santos, somos solidarios -cooperadores, dice San Juan (Ioh. 8)- en la tarea de difundir la verdad y la paz del Señor.
Es razonable que pensemos en nuestro modo de imitar al Maestro; que nos detengamos, que reflexionemos, para aprender directamente de la vida del Señor algunas de las virtudes que han de resplandecer en la conducta nuestra, si de veras aspiramos a extender el reinado de Cristo.