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Humildad ante las propias miserias
Camino 197.- Si han sido testigos de tus debilidades y miserias, ¿qué importa que lo sean de tu penitencia?
SURCO 69.- "Padre, como me aconsejó, me río de mis miserias -sin olvidar que no he de transigir-, y entonces me siento mucho más alegre.
En cambio, cuando hago la tontería de ponerme triste, me hace el efecto de que pierdo el camino".
FORJA 236.- Una firme resolución: abandonarme en Jesucristo, con todas mis miserias. Y lo que Él quiera, en cada instante, «fiat!» -¡sea!
Amigos de Dios 210.- No nos ha creado el Señor para construir aquí una Ciudad definitiva (Cfr. Hebr XIII, 14), porque este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar (Jorge Manrique. Coplas. V). Sin embargo, los hijos de Dios no debemos desentendernos de las actividades terrenas, en las que nos coloca Dios para santificarlas, para impregnarlas de nuestra fe bendita, la única que trae verdadera paz, alegría auténtica a las almas y a los distintos ambientes. Esta ha sido mi predicación constante desde 1928: urge cristianizar la sociedad; llevar a todos los estratos de esta humanidad nuestra el sentido sobrenatural, de modo que unos y otros nos empeñemos en elevar al orden de la gracia el quehacer diario, la profesión u oficio. De esta forma, todas las ocupaciones humanas se iluminan con una esperanza nueva, que trasciende el tiempo y la caducidad de lo mundano.
Por el Bautismo, somos portadores de la palabra de Cristo, que serena, que enciende y aquieta las conciencias heridas. Y para que el Señor actúe en nosotros y por nosotros, hemos de decirle que estamos dispuestos a luchar cada jornada, aunque nos veamos flojos e inútiles, aunque percibamos el peso inmenso de las miserias personales y de la pobre personal debilidad. Hemos de repetirle que confiamos en El, en su asistencia: si es preciso, como Abraham, contra toda esperanza (Rom IV, 18). Así, trabajaremos con renovado empeño, y enseñaremos a la gente a reaccionar con serenidad, libres de odios, de recelos, de ignorancias, de incomprensiones, de pesimismos, porque Dios todo lo puede.