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30 marzo 2027

MODO DE VIVIR: Reciedumbre

Reciedumbre

Camino 20.- Chocas con el carácter de aquél o del otro... Necesariamente ha de ser así: no eres moneda de cinco duros que a todos gusta.
Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes -imperfecciones, defectos- de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección?
Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías.

SURCO 137.- No dialogues con la tentación. Déjame que te lo repita: ten la valentía de huir; y la reciedumbre de no manosear tu debilidad, pensando hasta dónde podrías llegar. ¡Corta, sin concesiones!

FORJA 527 Hay que amar a la Santísima Virgen: ¡nunca la amaremos bastante!
-¡Quiérela mucho! -Que no te baste colocar imágenes suyas, y saludarlas, y decir jaculatorias, sino que sepas ofrecer -en tu vida llena de reciedumbre- algún pequeño sacrificio cada día, para manifestarle tu amor, y el que queremos que le profese la humanidad entera.

Amigos de Dios 184.- Para mantener el trato con mi Señor, os lo he explicado frecuentemente, me han servido también -no me importa que se sepa- esas canciones populares, que se refieren casi siempre al amor: me gustan de veras. A mí y a algunos de vosotros, el Señor nos ha escogido totalmente para El; y trasladamos a lo divino ese amor noble de las coplas humanas. Lo hace el Espíritu Santo en el Cantar de los Cantares; y lo han hecho los grandes místicos de todos los tiempos.

Repasad estos versos de la Santa de Ávila: Si queréis que esté holgando, / quiero por amor holgar; / si me mandáis trabajar, / morir quiero trabajando. / Decid, ¿dónde, cómo y cuándo? / Decid, dulce Amor, decid: /¿Qué mandáis hacer de mi? (S. Teresa de Jesús. Vuestra soy, para Vos nací. Poesías, 5, 9). O aquella canción de San Juan de la Cruz, que comienza de un modo encantador: Un pastorcico solo está penado, / ajeno de placer y de contento, / y en su pastora puesto el pensamiento / y el pecho del amor muy lastimado (S. Juan de la Cruz, Otras canciones a lo divina de Cristo y el alma. Poesías, l0).

El amor humano, cuando es limpio, me produce un inmenso respeto, una veneración indecible. ¿Cómo no vamos a estimar esos cariños santos, nobles, de nuestros padres, a quienes debemos una gran parte de nuestra amistad con Dios? Yo bendigo ese amor con las dos manos, y cuando me han preguntado que por qué digo con las dos manos, mi respuesta inmediata ha sido: ¡porque no tengo cuatro!

¡Bendito sea el amor humano! Pero a mí el Señor me ha pedido más. Y, esto lo afirma la teología católica, entregarse por amor del Reino de los cielos sólo a Jesús y, por Jesús, a todos los hombres, es algo más sublime que el amor matrimonial, aunque el matrimonio sea un sacramento y sacramentum magnum (Eph V. 32).

Pero, en cualquier caso, cada uno en su sitio, con la vocación que Dios le ha infundido en el alma -soltero, casado, viudo, sacerdote- ha de esforzarse en vivir delicadamente la castidad, que es virtud para todos y de todos exige lucha, delicadeza, primor, reciedumbre, esa finura que sólo se entiende cuando nos colocamos junto al Corazón enamorado de Cristo en la Cruz. No os preocupe si en algún momento sentís la tentación que os acecha. Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar.