Página inicio

-

Agenda

3 marzo 2027

MODO DE VIVIR: Sinceridad y valentía en el examen

Sinceridad y valentía en el examen

Camino18.- Te empeñas en ser mundano, frívolo y atolondrado porque eres cobarde. ¿Qué es, sino cobardía, ese no querer enfrentarte contigo mismo?

Camino 236.- A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo.

Camino 237.- Examínate: despacio, con valentía -¿No es cierto que tu mal humor y tu tristeza inmotivados -inmotivados, aparentemente- proceden de tu falta de decisión para romper los lazos sutiles, pero "concretos", que te tendió -arteramente, con paliativos- tu concupiscencia? ,

Camino 243.- "Qui fidelis est in minimo et in majori fidelis est" -quien es fiel en lo poco también lo es en lo mucho.- Son palabras de San Lucas que te señalan -haz examen- la raíz de tus descaminos.

Camino 700.- Conforme: hay mucha lucha de fuera y esto te exime, en parte. -Pero también hay complicidad dentro -mira despacio- y ahí no veo eximente.

Camino 787.- Rectifica, rectifica. -¡Tendría tan poca gracia que ese vencimiento fuera estéril porque te has movido por miras humanas!

SURCO 153.- Te lo concedo: te portas decorosamente... Pero, ¡déjame que te hable con sinceridad!: con ese paso cansino -reconócelo-, además de que no eres feliz del todo, te quedas muy lejos de la santidad.
Por eso te pregunto; ¿de veras te portas decorosamente?, ¿no tendrás un concepto equivocado del decoro?

FORJA 193.- La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios.
-Si dentro de ti, hijo mío, hay un «sapo», ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está!

Amigos de Dios 215.- Una sacudida de amor, os decía. Miro mi vida y, con sinceridad, veo que no soy nada, que no valgo nada, que no tengo nada, que no puedo nada; más: ¡que soy la nada!, pero El es el todo y, al mismo tiempo, es mío, y yo soy suyo, porque no me rechaza, porque se ha entregado por mí. ¿Habéis contemplado amor más grande?
Y una sacudida de dolor, pues repaso mi conducta, y me asombro ante el cúmulo de mis negligencias. Me basta examinar las pocas horas que llevo de pie en este día, para descubrir tanta falta de amor, de correspondencia fiel. Me apena de veras este comportamiento mío, pero no me quita la paz. Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que El me repite despacio: meus es tu! (Is XLIII, 1); sabía -y sé- cómo eres, ¡adelante!