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Formación profesional
Camino 339.- Libros: no los compres sin aconsejarte de personas cristianas, doctas y discretas. -Podrías comprar una cosa inútil o perjudicial.
¡Cuántas veces creen llevar debajo del brazo un libro... y llevan una carga de basura!
El mensaje de san Josemaría sobre la santificación del trabajo, la transformación del mundo desde dentro y el lugar central que ocupa la profesión en la vida social llevan al cristiano a profundizar en la importancia del trabajo como eje de su vocación y misión en medio del mundo, con sus posibilidades y sus desafíos. Consagrar el mundo a Dios desde dentro, manifestar la fe del Evangelio en el entorno, servir a los demás y humanizar las estructuras son algunas de las manifestaciones de la identificación de los fieles laicos con Cristo, sacerdote, profeta y rey, por el bautismo.
Todos los trabajos, desde los más establecidos y regulados hasta los más creativos y part-time, requieren esa reflexión por parte de quien los realiza. Habrá aspectos comunes, porque “esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor”, “ha de ser una ofrenda digna para el Creador”, “manifiesta el amor, se ordena al amor”. Otros, en cambio, serán muy personales, en función de la relación de cada uno con Dios, de su sentido de ofrecimiento unido al de Cristo en la Cruz y en la Santa Misa, de su deseo de servir y del propio conocimiento de las características de su quehacer profesional.
En el vasto entramado de aspectos que tejen el trabajo profesional, hay dos que solo cada uno puede ponderar y descubrir: en qué consiste santificar ese trabajo concreto que realizo y cómo hacerlo en las circunstancias precisas y actuales de mí mismo y del entorno.
Santificar el trabajo, para un oncólogo, incluye desde el esfuerzo para estar a la última en la investigación hasta la escucha empática del paciente; para un conductor de autobús, desde el modo de tomar una curva hasta la sonrisa que ofrece a los pasajeros; para una arquitecto, escuchar al cliente para servir a sus necesidades y asegurar la calidad de las soluciones y la belleza del resultado. La respuesta a “¿qué manifestaciones tiene santificar mi trabajo?” será variada para una deportista profesional, el reponedor de un supermercado, un youtuber, un abogado de oficio, una directora comercial, un cocinero, una soprano, un agricultor, una community manager, un maestro o un conductor de camión. Y también tendrán que hacer su propio recorrido reflexivo quienes se jubilan, están en paro o sufren una invalidez.
Además de lo específico de cada dedicación profesional, la prudencia juega un papel clave a la hora de cultivar determinadas actitudes y tomar determinaciones acertadas. Alguien a punto de jubilarse puede afrontar con dejadez o con entusiasmo el último tramo de su vida laboral. Una mujer casada debe afrontar los retos de una posible maternidad en un entorno que habitualmente desconfía, desaprueba o rechaza embarazos y bajas maternales. Una economista o un abogado pueden encontrarse en situaciones contrarias a lo que su conciencia les dicta que es justo. En situaciones de pobreza o inestabilidad, una pareja puede valorar si uno de ellos emigra para asegurar el sostenimiento de la familia. Otras veces la duda será si reducir la jornada de trabajo para cuidar a padres dependientes, hijos pequeños, miembros enfermos de la familia.
Las condiciones legales, laborales, económicas, educativas, sociales o políticas de cada país determinan muchas de las facilidades y dificultades que se presentan en la vida profesional, y la prudencia ayuda a valorarlas y buscar los medios oportunos para tomar decisiones.