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Examen general
Camino 235 Examen. -Labor diaria.- Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio.
¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna?
SURCO 499.- Afirmas que vas comprendiendo poco a poco lo que quiere decir "alma sacerdotal"... No te enfades si te respondo que los hechos demuestran que lo entiendes sólo en teoría. -Cada jornada te pasa lo mismo: al anochecer, en el examen, todo son deseos y propósitos; por la mañana y por la tarde, en el trabajo, todo son pegas y excusas.
¿Así vives el "sacerdocio santo, para ofrecer víctimas espirituales, agradables a Dios por Jesucristo"?
FORJA 481.- Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean.
-Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones -como se cultivan los microbios en el laboratorio-, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta del cumplimiento del deber, con tu falta de propio cumplimiento... Y, después esos focos infectan el ambiente.
-Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas, de tus omisiones y pecados.
Es Cristo que pasa 66.- Al callarme yo ahora y seguir la Santa Misa, cada uno de nosotros debe considerar qué le pide el Señor, qué propósitos, qué decisiones quiere promover en él la acción de la gracia. Y, al notar esas exigencias sobrenaturales y humanas de entrega y de lucha, recordad que Jesucristo es nuestro modelo. Y que Jesús, siendo Dios, permitió que le tentaran: para que así nos llenemos de ánimo y estemos seguros de la victoria. Porque El no pierde batallas y, encontrándonos unidos a El, nunca seremos vencidos, sino que podremos llamarnos y ser en verdad vencedores: buenos hijos de Dios.
Que vivamos contentos. Yo estoy contento. No lo debiera estar, mirando mi vida, haciendo ese examen de conciencia personal que nos pide este tiempo litúrgico de la Cuaresma. Pero me siento contento, porque veo que el Señor me busca una vez más, que el Señor sigue siendo mi Padre. Sé que vosotros y yo, decididamente, con el resplandor y la ayuda de la gracia, veremos qué cosas hay que quemar, y las quemaremos; qué cosas hay que arrancar, y las arrancaremos; qué cosas hay que entregar, y las entregaremos.