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7 febrero 2027

MODO DE VIVIR: Esperanza del cielo

Esperanza del cielo

¡Que cuesta! -Ya lo sé. Pero, ¡adelante!: nadie será premiado -y ¡qué premio!- sino el que pelee con bravura. (Camino 720).

¿Volverá el Señor a encenderme el alma?...
-Te aseguran que sí tu cabeza y la fuerza honda de un deseo lejano, que quizá sea esperanza...
-En cambio, el corazón y la voluntad -sobra de uno, falta de otra- lo tiñen todo de una melancolía paralizadora y yerta, como una mueca, como una burla amarga.

Escucha la promesa del Espíritu Santo: "dentro de un brevísimo tiempo, vendrá Aquél que ha de venir y no tardará. Entre tanto el justo mío vivirá de fe". (Surco 459).

Son santos los que luchan hasta el final de su vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada caída, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con esperanza. (Forja 186).

¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso. Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos la misericordia y el auxilio de la gracia en el tiempo oportuno. Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si —por nuestra culpa y nuestra debilidad— caemos, el Señor nos socorre y nos levanta. Habías aprendido a evitar la negligencia, a alejar de ti la arrogancia, a adquirir la piedad, a no ser prisionero de las cuestiones mundanas, a no preferir lo caduco a lo eterno. Pero, como la debilidad humana no puede mantener un paso decidido en un mundo resbaladizo, el buen médico te ha indicado también remedios contra la desorientación, y el juez misericordioso no te ha negado la esperanza del perdón.
(Es Cristo que pasa 7).