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Estudio
Camino 348 Tu desidia, tu dejadez, tu gandulería son cobardía y comodidad -te lo arguye de continuo la conciencia-, pero "no son camino".
Después del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los temores. -Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y, sobre todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta experiencia de la vida.
Te daré un medio seguro para superar esos temores -¡tentaciones del diablo o de tu falta de generosidad!- : "desprécialos", quita de tu memoria esos recuerdos. Ya lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: "¡no vuelvas la cara atrás!"SURCO 133
Persevera, voluntariamente y con amor -aunque estés seco-, en tu vida de piedad. Y no te importe si te sorprendes contando los minutos o los días que faltan para acabar esa norma que pone, en semejante operación, el chico mal estudiante, que sueña con que se termine el curso; o el quincenario, que espera volver a sus andadas, al abrirle las puertas de la cárcel.
Persevera -insisto- con eficaz y actual voluntad, sin dejar ni un instante de querer hacer y aprovechar esos medios de piedad. FORJA 447
Amigos de Dios 64. También el trabajo tuyo debe ser oración personal, ha de convertirse en una gran conversación con Nuestro Padre del Cielo. Si buscas la santificación en y a través de tu actividad profesional, necesariamente tendrás que esforzarte en que se convierta en una oración sin anonimato. Tampoco estos afanes tuyos pueden caer en la oscuridad anodina de una tarea rutinaria, impersonal, porque en ese mismo instante habría muerto el aliciente divino que anima tu quehacer cotidiano.
Les sugería concretamente que se ocuparan en alguna actividad de provecho -estudiar, aprender idiomas, por ejemplo- compatible con su servicio de soldados; les aconsejaba que no dejaran nunca de ser hombres de Dios y que procurasen que toda su conducta fuese operario Dei, trabajo de Dios. Y me conmovía al comprobar que esos muchachos, en situaciones nada fáciles, respondían maravillosamente: se notaba la solidez de su temple interior.