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Apostolado en el estudio
Camino 347 Sólo te preocupas de edificar tu cultura.
-Y es preciso edificar tu alma. -Así trabajarás como debes, por Cristo: para que Él reine en el mundo hace falta que haya quienes, con la vista en el cielo, se dediquen prestigiosamente a todas las actividades humanas, y, desde ellas, ejerciten calladamente -y eficazmente-un apostolado de carácter profesional.
Si sabes que el estudio es apostolado, y te limitas a estudiar para salir del paso, evidentemente tu vida interior anda mal.
Con ese abandono, pierdes el buen espíritu y, como sucedió a aquel trabajador de la parábola que escondió con cuquería el talento recibido, si no rectificas, puedes autoexcluirte de la amistad con el Señor, para encenagarte en tus cálculos de comodidad. SURCO 525
FORJA 892 Sin vida interior, sin formación, no hay verdadero apostolado no obras fecundas: la labor es precaria incluso ficticia.
-¡Qué responsabilidad, por tanto, la de los hijos de Dios!: hemos de tener hambre y sed de Él y de su doctrina.
Es Cristo que pasa 149. San Juan conserva en su Evangelio una frase maravillosa de la Virgen, en una escena que ya antes considerábamos: la de las bodas de Caná. Nos narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que El os dirá. De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga?
El apostolado cristiano —y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales— es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.
Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum.