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14 febrero 2027

MODO DE VIVIR: Espiritu Santo

Espiritu Santo

Frecuenta el trato del Espíritu Santo-el Gran Desconocido- que es quien te ha de santificar.

No olvides que eres templo de Dios. -El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones. Camino 57

No estorbes la obra del Paráclito: únete a Cristo, para purificarte, y siente con Él, los insultos, y los salivazos, y los bofetones..., y las espinas, y el peso de la cruz..., y los hierros rompiendo tu carne, y las ansias de una muerte en desamparo...

Y métete en el costado abierto de Nuestro Señor Jesús hasta hallar cobijo seguro en su llagado Corazón. Camino 58

«Aure audietis, et non intelligetis: et videntes videbitis, et no perspicietis». Palabras claras del Espíritu Santo: oyen con sus propios oídos, y no entienden; miran con sus ojos, pero no perciben. SURCO 31

¿Por qué te inquietas si algunos, "viendo" el apostolado y conociendo su grandeza, no se entregan? Reza tranquilo, y persevera en tu camino: si esos no se lanzan, ¡otros vendrán!

-¡Dios es mi Padre! -Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración.

-¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón.

-¡El Espíritu Santo es mi consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino.
Piénsalo bien. -Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo. FORJA 2

Nos hemos convencido de que la caridad nada tiene que ver con esa caricatura que, a veces, se ha pretendido trazar de la virtud central de la vida del cristiano. Entonces, ¿por qué esta exigencia de predicarla continuamente? ¿Surge como tema obligado, pero con pocas posibilidades de que se manifieste en hechos concretos?

Si mirásemos a nuestro alrededor, encontraríamos quizá razones para pensar que la caridad es una virtud ilusoria. Pero, considerando las cosas con sentido sobrenatural, descubrirás también la raíz de esa esterilidad: la ausencia de un trato intenso y continuo, de tú a Tú, con Nuestro Señor Jesucristo; y el desconocimiento de la obra del Espíritu Santo en el alma, cuyo primer fruto es precisamente la caridad.

Recogiendo unos consejos del Apóstol -llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo (2 Gal VI, 2)- añade un Padre de la Iglesia: amando a Cristo soportaremos fácilmente la debilidad de los demás, también de aquél a quien no amamos todavía, porque no tiene obras buenas (S. Agustín. De diversis quaestionibus LXXXIII, 71, 7 (PL 40, 83). Amigos de Dios 236.