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27 noviembre 2027

MODO DE VIVIR: Unidad de vida y presencia de Dios

Unidad de vida y presencia de Dios

Camino 266.- No tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios.

SURCO 166.- En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento.
La inteligencia -iluminada por la fe- te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos.
El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como -por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural- tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.
Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que Él te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, «ipse Christus!» -el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes.

FORJA 412.- La guarda del corazón. -Así rezaba aquel sacerdote: «Jesús, que mi pobre corazón sea huerto sellado; que mi pobre corazón sea un paraíso, donde vivas Tú; que el Ángel de mi Guarda lo custodie, con espada de fuego, con la que purifique todos los afectos antes de que entren en mí; Jesús, con el divino sello de tu Cruz, sella mi pobre corazón».

Crecer para adentro.- Sigo haciendo mi examen. ¿Qué presencia de Dios vivo? ¿Qué trato con mi Madre la Virgen, qué conversaciones mantengo con mi Ángel Custodio? ¿Qué preocupaciones por la Obra, por sus empresas apostólicas, por mis hermanos? ¿Qué deseo, qué interés en cumplir la Voluntad de Dios? ¡Señor, cuánta miseria! ¡Qué mal, qué mal todo! ¿Dónde están mis mortificaciones, mi paciencia ante las contrariedades? ¿Podré seguir engañándome a mí mismo? ¿Por qué no raspar cuando es necesario? Tú sabes, Señor, que no pretendo engañarme: concédeme luz para que me vea tal como soy. No permitas que mi egoísmo enturbie el juicio de mí mismo. Que me conozca y que, conociéndome, me ponga en tus manos y obedezca plenamente para que Tú, Dios mío, me cures.