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Últimas piedras, última batalla…
Camino 42.- ¿Por qué esas variaciones de carácter? ¿Cuándo fijarás tu voluntad en algo? -Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos.
SURCO 668.- La gracia actúa, de ordinario, como la naturaleza: por grados. -No podemos propiamente adelantarnos a la acción de la gracia: pero, en lo que de nosotros depende, hemos de preparar el terreno y cooperar, cuando Dios nos la concede.
Es menester lograr que las almas apunten muy alto: empujarlas hacia el ideal de Cristo; llevarlas hasta las últimas consecuencias, sin atenuantes ni paliativos de ningún género, sin olvidar que la santidad no es primordialmente obra de brazos. La gracia normalmente, sigue sus horas, y no gusta de violencias.
Fomenta tus santas impaciencias..., pero no me pierdas la paciencia.
FORJA 102.- La paz, que lleva consigo la alegría, el mundo no puede darla.
-Siempre están los hombres haciendo paces, y siempre andan enzarzados con guerras, porque han olvidado el consejo de luchar por dentro, de acudir al auxilio de Dios, para que Él venza, y conseguir así la paz en el propio yo, en el propio hogar, en la sociedad y en el mundo.
-Si nos conducimos de este modo, la alegría será tuya y mía, porque es propiedad de los que vencen; y con la gracia de Dios -que no pierde batallas- nos llamaremos vencedores, si somos humildes.
Crecer para adentro.- El sillar -insisto- descansa sobre otros, ¡guales así mismo, y sirve a su vez de apoyo a los que le rodean. Para convertirse en sostén firme necesita fortaleza. Así se verá útil, siendo fuerte. Las piedras esenciales en una construcción son las que se entierran en los cimientos, a vahos metros bajo el suelo; ésas no se ven. En cambio -lo he repetido siempre-, la veleta dorada que gira en lo alto de la torre, ¡cómo brilla!, ¡cómo lucen las bolas de bronce que coronan una fachada! Pero si las arranca el viento, no pasa nada. En cambio, si arrancamos los sillares de la cimentación, toda la construcción se agrieta.