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Pereza en el trabajo
Camino 645.- ¡Qué fecundo es el silencio! -Todas las energías que me pierdes, con tus faltas de discreción, son energías que restas a la eficacia de tu trabajo.
Sé discreto.
SURCO 781.- Cuando tu voluntad flaquee ante el trabajo habitual, recuerda una vez más aquella consideración: "el estudio, el trabajo, es parte esencial de mi camino, El descrédito profesional -consecuencia de la pereza- anularía o haría imposible mi labor de cristiano. Necesito -así lo quiere Dios- el ascendiente del prestigio profesional, para atraer y ayudar a los de más".
-No lo dudes: si abandonas tu tarea, ¡te apartas -y apartas a otros- de los planes divinos!
FORJA 980.- Con tu doctrina de cristiano, con tu vida íntegra y con tu trabajo bien hecho, tienes que dar buen ejemplo, en el ejercicio de tu profesión, y en el cumplimiento de los deberes de tu cargo, a los que te rodean: tus parientes, tus amigos, tus compañeros, tus vecinos, tus alumnos...-No puedes ser un chapucero.
Crecer para adentro.- ¡Orar! Estos serían los modos de Jesucristo. Tradición viva, que no ha de perderse en la Obra. No sólo la primera guardia, la de la puerta de esta casa, sino la segunda, la de las fronteras, se nos abrirá de par en par si insistimos en la oración, como los primeros cristianos. Recemos con humildad, con fe, con perseverancia. No olvidemos además el papel del Ángel Custodio para que Dios atienda favorablemente nuestras súplicas. ¿Qué trato, qué amistad mantenemos con nuestro Custodio? ¿Hemos procurado encomendar a las personas que se alojan en esta casa, rezando a los Custodios que les acompañan? Es éste un deber de caridad inexcusable. Solicitamos a nuestro Ángel, al que por bondad de Dios es nuestro compañero, que nos libre de las pequeñas ataduras que aún nos ligan al mundo y a la carne: esas pequeñeces del amor propio, de la soberbia, del desorden, de la pereza... roguémosle que nos vuelva más diligentes en el cumplimiento de nuestros deberes actuales, más atentos a obedecer, más esforzados en la lucha contra nuestros defectos.
Y, sobre todo, supliquémosle que nos ayude a abandonar toda complacencia y toda confianza en las cosas mundanas, que nos volvamos a Cristo y nos abandonemos perfectamente en sus manos, encontrando nuestra paz en el exacto cumplimiento de su Voluntad.
Saquemos de esta oración el propósito de renovar la confianza con nuestro Custodio y con los de las personas con quienes hayamos de sostener algún trato.