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Mortificación, penitencias
Camino 196.- Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición.
SURCO 390.- Gobernar no es mortificar.
FORJA 316.- Para custodiar la santa pureza, la limpieza de vida, has de amar y de practicar la mortificación diaria.
Amigos de Dios 137.- Permitidme que os remache una y otra vez el camino que Dios espera que recorra cada uno, cuando nos llama a servirle en medio del mundo, para santificar y santificarnos a través de las ocupaciones ordinarias. Con un sentido común colosal, lleno a la vez de fe, predicaba San Pablo que en la ley de Moisés está escrito: no pongas bozal al buey que trilla (Dt XXV, 4). Y se pregunta: ¿será acaso que Dios se preocupa de los bueyes? ¿O, por el contrario, no dice esto sobre todo por nosotros? Si, ciertamente, por nosotros se han escrito estas cosas; porque la esperanza hace arar al que ara, y el que trilla lo hace con la ilusión de percibir el fruto (1 Cor IX, 9- l0).
Nunca se ha reducido la vida cristiana a un entramado agobiante de obligaciones, que deja el alma sometida a una tensión exasperada; se amolda a las circunstancias individuales como el guante a la mano, y pide que en el ejercicio de nuestras tareas habituales, en las grandes y en las pequeñas, con la oración y la mortificación, no perdamos jamás el punto de mira sobrenatural. Pensad que Dios ama apasionadamente a sus criaturas, y ¿cómo trabajará el burro si no se le da de comer, ni dispone de un tiempo para restaurar las fuerzas, o si se quebranta su vigor con excesivos palos? Tu cuerpo es como un borrico -un borrico fue el trono de Dios en Jerusalén- que te lleva a lomos por las veredas divinas de la tierra: hay que dominarlo para que no se aparte de las sendas de Dios, y animarle para que su trote sea todo lo alegre y brioso que cabe esperar de un jumento.
Crecer para adentro.- Pienso en las oraciones, en los ofrecimientos que habrán salido de más de una cárcel, de más de una trinchera, de más de un hospital, en la pasada fiesta de mi Padre y Señor San José. ¡Cuánto debemos pedir para que todas esas oblaciones, siendo agradables a Dios Nuestro Señor, sean mantenidas con su ayuda! Tenemos obligación de rezar por todos esos hermanos nuestros y de mortificarnos, de fastidiarnos (oración de la carne, oración de los sentidos) por ellos, para que todos seamos uno en el corazón y en la inteligencia y en la voluntad. Uno en Cristo, conservando la propia personalidad.