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La Virgen María y la paz
Camino 880.- La Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, aquietará tu corazón, cuando te haga sentir que es de carne, si acudes a Ella con confianza.
SURCO 607.- «Sancta Maria, Sedes Sapientiae» -Santa María, Asiento de la Sabiduría. -Invoca con frecuencia de este modo a Nuestra Madre, para que Ella llene a sus hijos, en su estudio, en su trabajo, en su convivencia, de la Verdad que Cristo nos ha traído.
FORJA 106.- Es nuestra guerra divina una maravillosa siembra de paz.
Cartas I, 62b.- Madre mía: a estos hijos y a mí, danos el don bendito de la humildad en la lucha, que nos hará sinceros; la alegría de sentirnos tan metidos en Dios, endiosados. El gozo sacrificado y sobrenatural de ver toda la pequeñez —toda la miseria, toda la debilidad de nuestra pobre naturaleza humana con sus flaquezas y defectos— dispuesta a ser fiel a la gracia del Señor, y así ser instrumento para cosas grandes.
En diálogo con el Señor, 3d.- Pero no quería hablarte ahora de esa pesca, ni de esa red inmensa. Deseo hacerte considerar más bien la que, en el capítulo XXI, cuenta San Juan: cuando Simón Pedro sacó a tierra, y puso a los pies de Jesús, una red «llena de ciento cincuenta y tres peces grandes». En esa red de peces grandes, escogidos, te metió Cristo con la gracia soberana de la vocación. Quizá una mirada de su Madre le conmovió hasta el extremo de concederte, por la mano inmaculada de la Santísima Virgen, ese don grandioso.
Crecer para adentro.- El fruto de la oración no ha de quedarse solamente en nosotros. Por eso, cuando hablo con Dios, con la Virgen, con los Ángeles Custodios, con los
Santos, pido que las gracias que imploro en mi ruego se transmitan a esos hijos a los que estoy espiritualmente unido. Me dirijo a ti, Madre mía, pensando en ellos. Sé que mientras sean tuyos, están seguros. Sé que serán de Dios, mientras te conozcan, te amen, te pertenezcan. Pues que sean tuyos, que te amen, que no te dejen nunca.