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28 enero 2027

MODO DE VIVIR: Entrega del corazón

Entrega del corazón

¡Anda!, con generosidad y como un niño dile: ¿qué me irás a dar cuando me exiges "eso" (Camino 153).

Algunos se comportan, a lo largo de su vida, como si el Señor hubiera hablado de entregamiento y de conducta recta sólo a los que no les costase -¡no existen!-, o a quienes no necesitaran luchar.

Se olvidan de que, para todos, Jesús ha dicho: el Reino de los Cielos se arrebata con violencia, con la pelea santa de cada instante. (Surco 130).

El Señor -Maestro de Amor- es un amante celoso que pide todo lo nuestro, todo nuestro querer. Espera que le ofrezcamos lo que tenemos, siguiendo el camino que a cada uno nos ha marcado. (Forja 45).

Necesito recordaros que no encontraréis la felicidad fuera de vuestras obligaciones cristianas. Si las abandonarais, os quedaría un remordimiento salvaje, y seríais unos desgraciados. Hasta las cosas más corrientes que traen un poquito de felicidad, y que son lícitas, se pueden volver entonces amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar.

Cada uno de vosotros, y yo también, confiamos a Jesús: ¡Señor, que yo me propongo luchar y sé que Tú no pierdes batallas; y comprendo que, si alguna vez las pierdo, es porque me he alejado de Ti! ¡Llévame de tu mano, y no te fíes de mí, no me sueltes!

Pensaréis: Padre, ¡si soy tan feliz! ¡Si amo a Jesucristo! ¡Si, aunque soy de barro, deseo llegar a la santidad con la ayuda de Dios y de su Santísima Madre! No lo dudo; únicamente te prevengo con estas exhortaciones por si acaso, por si se presenta una dificultad.

Al mismo tiempo, he de repetirte que la existencia del cristiano -la tuya y la mía- es de Amor. Este corazón nuestro ha nacido para amar. Y cuando no se le da un afecto puro y limpio y noble, se venga y se inunda de miseria. El verdadero amor de Dios -la limpieza de vida, por tanto- se halla igualmente lejos de la sensualidad que de la insensibilidad, de cualquier sentimentalismo como de la ausencia o dureza de corazón.

Es una pena no tener corazón. Son unos desdichados los que no han aprendido nunca a amar con ternura. Los cristianos estamos enamorados del Amor: el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte. ¡Nos quiere impregnados de su cariño! El que por Dios renuncia a un amor humano no es un solterón, como esas personas tristes, infelices y alicaídas, porque han despreciado la generosidad de amar limpiamente. (Amigos de Dios 183).