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Optimismo. Todo es para bien
Camino 378.- No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu fe.
SURCO 90.- ¿Optimismo?, ¡siempre! También cuando las cosas salen aparentemente mal: quizá es ésa la hora de romper a cantar, con un Gloria, porque te has refugiado en Él, y de Él no te puede venir más que el bien.
FORJA 335.- Niño amigo, dile: Jesús, sabiendo que te quiero y que me quieres, lo demás nada me importa: todo va bien.
Amigos de Dios 119.- No te estoy llevando hacia una dejación en el cumplimiento de tus deberes o en la exigencia de tus derechos. Al contrario, para cada uno de nosotros, de ordinario, una retirada en ese frente equivale a desertar cobardemente de la pelea para ser santos, a la que Dios nos ha llamado. Por eso, con seguridad de conciencia, has de poner empeño -especialmente en tu trabajo- para que ni a ti ni a los tuyos os falte lo conveniente para vivir con cristiana dignidad. Si en algún momento experimentas en tu carne el peso de la indigencia, no te entristezcas ni te rebeles; pero, insisto, procura emplear todos los recursos nobles para superar esa situación, porque obrar de otra forma sería tentar a Dios. Y mientras luchas, acuérdate además de que omnia in bonum!, todo -también la escasez, la pobreza- coopera al bien de los que aman al Señor (Cfr. Rom VIII, 28); acostúmbrate, ya desde ahora, a afrontar con alegría las pequeñas limitaciones, las incomodidades, el frío, el calor, la privación de algo que consideras imprescindible, el no poder descansar como y cuando quisieras, el hambre, la soledad, la ingratitud, la incomprensión, la deshonra...
CRECER PARA ADENTRO.- San Josemaría vio siempre la mano de Dios en todas las circunstancias, tanto en las prósperas como en las adversas. Se había identificado tanto con el Señor, que se hallaba totalmente persuadido de que todo concurre al bien de los que aman a Dios: omnia in bonum! Y desde el primer momento se aprestó a sacar el máximo provecho espiritual a aquellas difíciles circunstancias, en las que debió desenvolverse durante casi seis meses, procurando con todas sus fuerzas la unión con la Voluntad de Dios y fomentando esa misma actitud en los que le rodeaban.