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Generosidad
Camino 468.- Eres excesivamente candoroso. -¡Que son pocos los que practican la caridad!
-Que tener caridad no es dar ropa vieja o monedas de cobre...
Y me cuentas tu caso y tu desilusión.
-Sólo se me ocurre esto: vamos tú y yo a dar y a darnos sin tacañería. Y evitaremos que quienes nos traten adquieran tu triste experiencia.
SURCO 10.- De la falta de generosidad a la tibieza no hay más que un paso.
FORJA 281.- Pido a la Madre de Dios que nos sepa, que nos quiera sonreír..., y nos sonreirá.
Y, además, en la tierra premiará nuestra generosidad con el mil por uno: ¡el mil por uno, le pido!
Amigos de Dios 228.- ¿No os conmueve que el Apóstol Juan, ya anciano, emplee la mayor parte de una de sus epístolas en exhortarnos para que nos comportemos según esa doctrina divina? El amor que debe mediar entre los cristianos nace de Dios, que es Amor. Carísimos, amémonos los unos a los otros, porque la caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor (1 Ioh IV, 7-8). Se detiene en la caridad fraterna, pues por Cristo hemos sido convertidos en hijos de Dios: ved qué amor hacia nosotros ha tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios y que lo seamos (1 Ioh III, 1).
Y, mientras golpea reciamente nuestras conciencias para que se tornen más sensibles a la gracia divina, insiste en que hemos recibido una prueba maravillosa del amor del Padre por los hombres: en esto se demostró la caridad de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo, para que por El tengamos vida (1 Ioh IV, 9). El Señor tomó la iniciativa, viniendo a nuestro encuentro. Nos dio ese ejemplo, para que acudamos con El a servir a los demás, para que -me gusta repetirlo- pongamos generosamente nuestro corazón en el suelo, de modo que los otros pisen en blando, y les resulte más amable su lucha. Debemos comportarnos así, porque hemos sido hechos hijos del mismo Padre, de ese Padre que no dudó en entregarnos a su Hijo muy amado.