Página inicio

-

Agenda

23 abril 2027

MODO DE VIVIR: Guarda de los sentidos

Guarda de los sentidos

Camino 183.- ¡Los ojos! Por ellos entran en el alma muchas iniquidades. -¡Cuántas experiencias a lo David!... -Si guardáis la vista habréis asegurado la guarda de vuestro corazón.

SURCO 670.- "Me bullen en la cabeza los asuntos en los momentos más inoportunos...", dices.
Por eso te he recomendado que trates de lograr unos tiempos de silencio interior,... y la guarda de los sentidos externos e internos.

FORJA 414.- Hay un refrán que es muy claro: entre santa y santo, pared de cal y canto.
-Hemos de guardar el corazón y los sentidos, apartándonos siempre de la ocasión. ¡Es preciso evitar la pasión, por santa que parezca!

Amigos de Dios 135.- Tomemos otros ejemplos, también de la vida corriente. San Pablo los menciona: los que han de competir en la palestra, guardan en todo una exacta continencia; y no es sino para alcanzar una corona perecedera, al paso que nosotros la esperamos eterna (1Cor IX. 25). Os basta echar una mirada a vuestro alrededor. Fijaos a cuántos sacrificios se someten de buena o de mala gana, ellos y ellas, por cuidar el cuerpo, por defender la salud, por conseguir la estimación ajena... ¿No seremos nosotros capaces de removernos ante ese inmenso amor de Dios tan mal correspondido por la humanidad, mortificando lo que haya de ser mortificado, para que nuestra mente y nuestro corazón vivan más pendientes del Señor?

Se ha trastocado de tal forma el sentido cristiano en muchas conciencias que, al hablar de mortificación y de penitencia, se piensa sólo en esos grandes ayunos y cilicios que se mencionan en los admirables relatos de algunas biografías de santos. Al iniciar esta meditación, hemos sentado la premisa evidente de que hemos de imitar a Jesucristo, como modelo de conducta. Ciertamente, preparó el comienzo de su predicación retirándose al desierto, para ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches (Cfr. Mt IV, 1-11), pero antes y después practicó la virtud de la templanza con tanta naturalidad, que sus enemigos aprovecharon para tacharle calumniosamente de hombre voraz y bebedor, amigo de publicanos y gentes de mala vida (Lc VII. 34).