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Obedecer cuando hay escrúpulos
Te has portado bien..., aunque hayas caído así de hondo.
-Te has portado bien, porque te humillaste, porque has rectificado, porque te has llenado de esperanza, y la esperanza te trajo de nuevo al Amor.
-No pongas esa cara boba de pasmo: ¡te has portado bien!
-Te alzaste del suelo: "surge", resonó de nuevo la voz poderosa, "et ambula!": ahora, ¡a trabajar! (Camino 264).
Una impaciente y desordenada preocupación por subir profesionalmente, puede disfrazar el amor propio so capa "de servir a las almas". Con falsía -no quito una letra-, nos forjamos la justificación de que no debemos desaprovechar ciertas coyunturas, ciertas circunstancias favorables...
Vuelve tus ojos a Jesús: Él es "el Camino". También durante sus años escondidos surgieron coyunturas y circunstancias "muy favorables", para anticipar su vida pública. A los doce años, por ejemplo, cuando los doctores de la ley se admiraron de sus preguntas y de sus respuestas... Pero Jesucristo cumple la Voluntad de su Padre, y espera: ¡obedece!
-Sin perder esa santa ambición tuya de llevar el mundo entero a Dios, cuando se insinúen esas iniciativas -ansias y quizá de deserción-, recuerda que también a ti te toca obedecer y ocuparte de esa tarea oscura, poco brillante, mientras el Señor no te pida otra cosa: Él tiene sus tiempos y sus sendas. (Surco 701).
Convéncete de que, si no aprendes a obedecer, no serás eficaz. (Forja 626).