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11 enero 2027

MODO DE VIVIR: Direccionales espiritual. Exigencia

Direccionales espiritual. Exigencia

Ahora son lágrimas. -¿Duele, eh?- ¡Claro, hombre!: por eso precisamente te han dado ahí. (Camino 158).

Así mató aquel confesor la concupiscencia de un alma delicada, que se acusó de ciertas curiosidades: -"¡Bah!: instintos de machos y de hembras". (Surco 835).

Tú has de obedecer -o has de mandar- poniendo siempre mucho amor. (Forja 629).

¡Que seáis muy niños! Y cuanto más, mejor. Os lo dice la experiencia de este sacerdote, que se ha tenido que levantar muchas veces a lo largo de estos treinta y seis años -¡qué largos y qué cortos se me han hecho!-, que lleva tratando de cumplir una Voluntad precisa de Dios. Una cosa me ha ayudado siempre: que sigo siendo niño, y me meto continuamente en el regazo de mi Madre y en el Corazón de Cristo, mi Señor.

Las grandes caídas, las que causan serios destrozos en el alma, y en ocasiones con resultados casi irremediables, proceden siempre de la soberbia de creerse mayores, autosuficientes. En esos casos, predomina en la persona como una incapacidad de pedir asistencia al que la puede facilitar: no sólo a Dios; al amigo, al sacerdote. Y aquella pobre alma, aislada en su desgracia, se hunde en la desorientación, en el descamino.

Roguemos a Dios, ahora mismo, que no permita jamás que nos sintamos satisfechos, que acreciente siempre en nosotros el ansia de su auxilio, de su palabra, de su Pan, de su consuelo, de su fortaleza: rationabile, sine dolo lac concupiscite: fomentad el hambre, la aspiración de ser como niños. Convenceos de que es la forma mejor de vencer la soberbia. Persuadíos de que es el único remedio para que nuestra manera de obrar sea buena, sea grande, sea divina. En verdad os digo, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mt XVIII, 3). Amigos de Dios 147