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Devoción a las imágenes
Cuando te preguntaron qué imagen de la Señora te daba más devoción, y contestaste -como quien lo tiene bien experimentado- que todas, comprendí que eras un buen hijo: por eso te parecen bien -me enamoran, dijiste- todos los retratos de tu Madre. (Camino 501).
"Este santo -decía aquél, que había regalado la imagen puesta al culto-... me debe todo lo que es".
No pienses en una caricatura: también tú estimas -al menos eso parece por tu comportamiento- que cumples con Dios, por llevar unas medallas o por unas prácticas de piedad, más o menos rutinarias. (Surco 717).
Deber de cristiano y de ciudadano es defender y fomentar, por piedad y por cultura, los monumentos diseminados por calles y caminos -cruceros, imágenes marianas, etc.-, reconstruyendo los que la barbarie o el tiempo destruyan. (Forja 719).
Sueño, hijas e hijos míos, con esos oratorios, con esos sagrarios, que se repartirán por todos los rincones del mundo, para llevar este espíritu de Dios —de la Obra de Dios— a todas las almas. Y os pido que sigáis la costumbre, el modo de hacer del lugar donde estéis, en la parte material de los edificios. Pero me da mucha pena ver esas iglesias como garajes, esas imágenes que son una caricatura, que son una burla: no las pongáis nunca en nuestros oratorios.
El arte sagrado debe llevar a Dios, debe respetar las cosas santas; está ordenado a la piedad y a la devoción. Durante muchos siglos, el mejor arte ha sido el religioso, porque se sometía a esa regla; porque salvaba, en todo, la naturaleza propia de su fin. Esas imágenes modernistas, caricaturescas, son tan poco oportunas como las imágenes relamidas de pasta flora: lo feo y poco respetuoso es tan malo como lo untuoso y lo cursi.
Ninguno de estos dos extremos sirve para nuestra piedad. El arquitecto, el escultor, el pintor que quiera contribuir con su arte personal al culto divino, ha de atenerse a unas reglas claras. Con esto no digo que sea necesario pintar el cielo de rodillas, como Fra Angélico, pero sí que es preciso pintarlo con respeto, con unción, con devoción. (Carta I, 22a,b,c).