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Purgatorio
Las ánimas benditas del purgatorio. -Por caridad, por justicia, y por un egoísmo disculpable -¡pueden tanto delante de Dios!- tenlas muy en cuenta en tus sacrificios y en tu oración. Ojalá, cuando las nombres, puedas decir: "Mis buenas amigas las almas del purgatorio..." (Camino 571).
El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con Él. (Surco 889).
Ante el dolor y la persecución, decía un alma con sentido sobrenatural: "¡prefiero que me peguen aquí, a que me peguen en el purgatorio! (Forja 1046).
Unidos íntimamente con Jesús Sacramentado, a quien acabamos de recibir, vamos a recordar en nuestra oración a los hermanos nuestros que todavía libran las peleas de esta vida, a los que acabaron ya el combate y se purifican ahora en el Purgatorio, y a los que gozan ya de Dios en el Cielo: la Iglesia militante, la Iglesia purgante y la Iglesia triunfante. El propósito será tener siempre muy presente la consoladora doctrina de la Comunión de los Santos.
Todas nuestras oraciones y nuestras obras hechas en estado de gracia consiguen dos efectos: el satisfactorio y el meritorio. Podemos pagar la deuda de nuestros pecados y merecer la gracia divina. Es doctrina teológica que estos dos tesoros podemos también aplicarlos a otras almas que los necesiten, precisamente por hallarnos unidos a todo el Cuerpo Místico de Cristo. Esos efectos de nuestras oraciones y buenas obras recaen principalmente sobre quienes están unidos a nosotros ex radice caritatis, por la raíz de una misma vocación cristiana y una misma caridad.
Por ejemplo, los méritos de cada obra buena que realice yo os benefician a cada uno de vosotros, que sois mis hijos; los méritos vuestros vienen a favorecer, a ayudar a todos vuestros hermanos y a mí. Por la Comunión de los Santos, nunca podemos sentimos solos, pues constantemente nos llegan alientos espirituales de las cárceles, de las trincheras, de donde quiera se encuentre alguno de vuestros hermanos. La consideración de esta realidad nos impulsa a un detenido examen de nuestra conducta en este lugar, que es como una prisión para nosotros. Porque aquí, en esta aparente inactividad, contamos con la posibilidad de trabajar mucho por dentro, y acompañar a cada uno de vuestros hermanos en peligro, y velar por ellos. Y al contrario: cada vez que dejamos de hacer una mortificación, cada vez que recortamos el tiempo de la oración, les causamos un perjuicio, no les ayudamos a sobrellevar sus penas, a rechazar sus tentaciones. Tenedlo siempre muy presente. Que esta consideración os sirva de estímulo en vuestra vida interior. No olvidéis que, aunque los cristianos seamos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, en unión con las ánimas benditas del Purgatorio y las de la Iglesia triunfante. (Crecer para adentro).