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18 diciembre 2026

LA VIRGINIDAD DE MARIA. NUESTRA PUREZA

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

La santa pureza en el matrimonio y fuera de él. Los frutos de esta virtud. La pureza, necesaria para amar

II. Para solteros y casados, la Virginidad de María es también una llamada a vivir con finura la santa pureza, indispensable para contemplar a Dios y para servir a nuestros hermanos los hombres. Esta virtud quizá chocará frontalmente con el ambiente y no será entendida por muchas personas cegadas por el materialismo; incluso será combatida con celo. Sin embargo, nos es absolutamente necesaria incluso para ser un poco más humanos y poder mirar a Dios. Esta virtud es imprescindible para ser contemplativos.

El Espíritu Santo ejerce una acción especial en el alma que vive con delicadeza la castidad. La santa pureza produce en el alma muchos frutos: agranda el corazón y facilita un desarrollo normal de la afectividad; da una alegría íntima y profunda aun en medio de contrariedades; posibilita el apostolado; fortalece el carácter ante las dificultades; nos hace más humanos, con más capacidad de entender y de compadecernos de los problemas de los demás.

La impureza provoca insensibilidad en el corazón, aburguesamiento y egoísmo. La lujuria incapacita para amar y crea en el hombre el clima propicio para que se den en el alma, como hierbas malas, todos los vicios y deslealtades. «Mirad que el que está podrido por la concupiscencia de la carne, espiritualmente no logra andar, es incapaz de una obra buena, es un lisiado que permanece tirado como un trapo. ¿No habéis visto a esos pacientes con parálisis progresiva, que no consiguen valerse, ni ponerse de pie? A veces, ni siquiera mueven la cabeza. Eso ocurre en lo sobrenatural a los que no son humildes y se han entregado cobardemente a la lujuria. No ven, ni oyen, ni entienden nada. Están paralíticos y como locos. Cada uno de nosotros debe invocar al Señor, a la Madre de Dios, y rogar que nos conceda la humildad y la decisión de aprovechar con piedad el divino remedio de la confesión».

Le pedimos al Señor en nuestra oración de hoy que tenga misericordia de nosotros y que nos ayude a tener una mayor finura con Él: «¡Jesús, guarda nuestro corazón!, un corazón grande, fuerte y tierno y afectuoso y delicado, rebosante de caridad para Ti, para servir a todas las almas».