Página inicio

-

Agenda

31 agosto 2027

ORAR DESDE LA PALABRA DE DIOS. Padre nuestro

ORAR DESDE LA PALABRA DE DIOS (3 de 5)
Padre nuestro
Nicolás Álvarez de las Asturias

«A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y muda tu condición». Estas palabras de san Juan de la Cruz nos recuerdan que amar significa acompasarse con el otro; adivinar sus gustos y gozar en satisfacerlos; aprender, a veces con cierto sufrimiento, que no basta nuestra buena intención, sino que es necesario aprender a acertar.

Y para amar a Dios, ¿cómo conseguiremos acertar? ¿Cómo sabremos sus gustos? Job pone de manifiesto esta dificultad cuando, tras muchos palos de ciego, acaba por bajar la cabeza, y dice al Señor: «Es cierto, hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión (…). Te conocía solo de oídas» (Jb 42,3−5). Se trata, pues, de ponerse sencillamente ante Dios y decirle como los apóstoles: «Enséñanos a orar». Aprender a rezar no es, pues, primariamente cuestión de técnica o de método. Ante todo, es apertura a un Dios que nos ha manifestado su verdadero rostro y que ha abierto para nosotros la intimidad de su corazón. Solo conociendo lo que anida en el corazón de Dios podremos orar verdaderamente, podremos amarle como él quiere ser amado. Y, a la luz de ese conocimiento, mudar la condición de nuestra oración, aprender a rezar de la mejor manera.

El padrenuestro es, pues, la gran instrucción de Jesús para que podamos sintonizar con el corazón del Padre. Por eso se ha hablado del carácter performativo de esta oración: son palabras que realizan en nosotros aquello que significan, son palabras que nos cambian. No son meramente frases para repetir: son palabras para educar nuestro corazón, para enseñarle a latir con los latidos de amor que agradarán a nuestro Padre del cielo.

Decir Padre y nuestro me sitúa en el centro de la relación que encierra el sentido de mi vida. Repetir hágase tu voluntad me enseña a amar los planes de Dios, y recitar perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden me lleva a tener un corazón más misericordioso con los demás. «Las palabras nos instruyen y nos permiten entender lo que debemos desear y pedir nosotros. Y no como si con ellas fuésemos a convencer nosotros al Señor para obtener lo que pedimos». Rezando esta oración aprendemos a dirigirnos a Dios poniendo el acento en lo que es verdaderamente importante.

Meditar las distintas peticiones del padrenuestro, quizás con la ayuda de algunos de los grandes comentarios antiguos, como el de san Cipriano o el de santo Tomás, o de otros más recientes, como el del Catecismo de la Iglesia Católica, puede ser un buen modo de comenzar a renovar nuestra vida de oración y, así, vivir con mayor intensidad la historia de amor que tiene que ser nuestra vida.