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1 julio 2027

AGRADAR A DIOS. En lo normal está Dios

AGRADAR A DIOS
En lo normal está Dios
Diego Zalbidea

La nuestra es una época de fenómenos de masas, con personas que tienen millones de seguidores, y fotos o vídeos que se hacen virales en pocos minutos. Ante este panorama, podemos preguntarnos, ¿qué vigencia tiene esa convicción de que el Señor obra en la normalidad? Sabemos bien que Dios es paciente y nos ha dicho que su acción es como la levadura: aunque no es posible distinguirla de la masa, de hecho llega hasta el último rincón. Dios es el primer interesado en salvar al mundo; mucho más que nosotros. A fin de cuentas, es él quien empuja, quien enciende y quien sostiene. Nosotros, principalmente, nos sumamos a ese movimiento de santidad: «Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico».

El Papa Francisco nos invita a dejarnos invadir por esa vibración apasionada de la gracia de Dios: «Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor “en brazos” (Lc 2,28). No solo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes. Tener al Señor en las manos es el antídoto contra el misticismo aislado y el activismo desenfrenado, porque el encuentro real con Jesús endereza tanto al devoto sentimental como al frenético factótum. Vivir el encuentro con Jesús es también el remedio para la parálisis de la normalidad, es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia». Con Cristo queremos liberarnos de la parálisis de pensar que en lo normal no está Dios.

María, nos hacía notar san Josemaría, «santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!».