Página inicio

-

Agenda

6 junio 2027

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO. La libertad tiene un sentido

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (4 de 6)
La libertad tiene un sentido
José Ignacio Murillo

Dios ha puesto nuestro destino en nuestras manos. No, ciertamente, en el sentido de que podamos conseguir por nuestras fuerzas aquello que nos tiene preparado, pero sí porque se encuentra en nuestras manos convertirnos a Él, que es quien nos puede hacer felices. Reconocer esta capacidad de amar a Dios libremente puede, en un primer momento, producirnos temor. Sin embargo, si nos da la gana decirle que sí, esta misma convicción de que somos libres nos llena de alegría y esperanza. Como hijos de Dios, nos sentimos seguros en la medida en que queremos apoyarnos en Él. Pensando en su propia vocación, san Josemaría exclamaba: «¿No os da alegría comprobar que la fidelidad en buena parte depende de nosotros? Yo me entusiasmo pensando que Dios me ama, y que ha querido que su Obra dependa también de mi correspondencia. Y me da gozo poder decirle libremente: Señor, yo también te quiero, cuenta con mi poquedad».

La consideración de nuestra libertad nos ayuda a asentar nuestra vida sobre la realidad de que somos hijos de Dios. No somos un ejemplar intercambiable: nuestra respuesta es insustituible porque somos criaturas queridas por Dios con amor de predilección. Pero podemos perder la conciencia de nuestra libertad en la medida en que no la ejercemos. En ese caso, es lógico que nos sintamos cada vez más limitados, condicionados y aun coaccionados por nuestros estados de ánimo o por el ambiente. Es así como puede plantearse la duda de si somos libres o, incluso, de si ser libre merece la pena o tiene un sentido.

El cristiano sabe, sin embargo, que la libertad tiene un sentido. No solo estamos libres de ataduras, en poder de nuestra propia decisión. De poco sirve liberar a alguien y decirle que puede ir a donde quiera, si no existe un destino al que pueda dirigirse o, si lo hay, no sabe en absoluto cómo llegar a él. Por eso, Dios no solo nos otorga la capacidad de deshacernos de lo que nos limita y aprisiona, sino que abre ante nosotros un horizonte ilimitado, a la altura de nuestros anhelos más profundos. Porque quien ha creado nuestra libertad no es en modo alguno un límite para su despliegue: nos abre la posibilidad de crecer sin medida, pues este es el modo en que imitamos a Dios las criaturas libres, y nos ofrece, unidos a su Hijo unigénito, la posibilidad de desplegar plenamente nuestra personalidad.