-
ORAR EN CUERPO Y ALMA:
LA MORTIFICACIÓN CRISTIANA (1 de 5)
Jutta Burggraf
Poner orden en el caos interior que, a veces, tenemos, puede lograrse por amor a Dios, sin miedo ni escrúpulos ni formalismos, con mucha confianza y una gran libertad, y con un corazón generoso. Es una forma de rezar: orar en cuerpo y alma.
Hay cosas que no comprendemos. Sólo podemos acercarnos a ellas con fe. Y con amor. ¿Por qué Jesucristo murió en una cruz? ¿Fue necesaria esta horrible pasión para liberarnos de nuestras oscuridades interiores? Desde luego que no. Dios habría podido perdonar nuestros pecados de mil maneras distintas, o simplemente no perdonarlos.
Locura de amor de Jesucristo
Probablemente, ha elegido la más impresionante de todas, aquella que manifiesta más claramente la locura de su gran amor: se ha hecho hombre –uno de nosotros–, y ha compartido las alegrías y durezas de nuestra vida hasta el final.
A pesar de su omnipotencia eterna, se dejó –¡libremente!– humillar, flagelar, escupir, ridiculizar, coronar de espinas y clavar en un madero. ¿Por qué? Quizá para mostrarnos que es capaz de hacer “todo" por nosotros, como un amigo que muere para salvar al otro. Y para convencernos –una vez por todas– que tenemos un inmenso valor: nuestro destino no es indiferente a Dios. Misterio de amor, sobreabundancia de generosidad.