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2 mayo 2027

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO. Realismo

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (11 de 12)
Realismo
Julio Diéguez

Lo que venimos diciendo muestra cómo el crecimiento en las virtudes nos va haciendo más y más realistas. Algunas personas tienen la idea —normalmente no formulada— de que vivir según las virtudes supone cerrar un ojo a la realidad; eso sí, por un motivo muy alto y porque de ese comportamiento, que implica cerrarse en parte a este mundo, esperamos un premio en el otro. Se trata de una idea reductiva. En realidad, vivir como Cristo, imitar sus virtudes, es lo que verdaderamente nos abre a la realidad, y no permite que nuestra afectividad nos engañe en el momento de valorarla y de decidir cómo responder a ella.

La pobreza, por ejemplo, no supone renunciar a considerar el valor de los bienes materiales en vista de la vida eterna. Es más, solo la persona que vive desprendida valora los bienes materiales en su justa medida: ni piensa que son malos, ni les concede una importancia que no tienen. Quien, en cambio, no se esfuerza en vivir así, acabará otorgándoles un valor mayor del que poseen y eso incidirá en sus decisiones: será poco realista, aunque aparezca ante otros como un auténtico hombre de mundo, que sabe moverse en ciertos ambientes. La persona sobria sabe disfrutar de una buena comida; la que no lo es, en cambio, otorga a ese placer una importancia de la que objetivamente carece. Algo similar se podría decir de cualquier otra virtud. Como Jesús dijo a Nicodemo: «El que obra según la verdad viene a la luz» (Jn 3,21).