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7 marzo 2027

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO. La disponibilidad de los apóstoles

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (3 de 12)
La disponibilidad de los apóstoles
Julio Diéguez

El Evangelio nos muestra el interés sincero del Señor por el descanso de los suyos: «Venid vosotros solos a un lugar apartado y descansad un poco» (Mc 6,31), o también la reacción de su corazón ante el sufrimiento de sus amigos, como Marta y María (cfr. Jn 11,1-44). No podemos imaginar que en esos momentos Jesucristo estuviera actuando, como si, en el fondo, por su unión con su Padre, lo que sucedía a su alrededor le resultara indiferente. San Josemaría hablaba de amar al mundo y de hacerlo apasionadamente, impulsaba a poner el corazón en Dios y, por Él, en los demás, en el trabajo que nos ocupa, en la labor apostólica, porque «el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte». La disponibilidad, por ejemplo, no es la disposición de aquel a quien le da igual una cosa que otra, porque ha conseguido perder todo interés, quizá para evitar sufrir cuando se le pida algo que le contraría; sino la disposición grandiosa de quien sabe prescindir en un momento de algo bueno y atractivo para concentrarse en otra cosa en la que Dios le espera, porque vivir para Dios es lo que profundamente desea. Se trata de alguien, en definitiva, con un corazón grande, con intereses, con ambiciones buenas, que sabe superar cuando conviene, no porque las niegue o porque intente que no le afecten, sino porque su interés en amar y servir a Dios es mucho más grande aún. Y no solo es que sea más grande: es que se ha ido convirtiendo en lo que da sentido y contiene en sí todos los otros intereses.