-
EN EL COBIJO DE JESÚS (3 de 3)
Un reproche lleno de cariño
Eduardo Baura
A la petición inquieta de Marta respondió la voz sosegada de Jesucristo: «Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada» (Lc 10,41-42). El Evangelio ha recogido este modo tan amable de responder del Señor. Cuando alguien pronuncia en una conversación el nombre de su interlocutor, está dando un acento de especial confidencia. En este caso Jesús lo hizo dos veces, lo que hace indicar el afecto que le tenía. El tono de su voz era de un cariñoso reproche, de una llamada a que se diese cuenta de algo que había pasado por alto.
¿Por qué Marta se lleva esta reprensión, si era la que estaba sirviendo a sus invitados? «Porque consideró esencial solo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que hacer. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar –como María– a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo».
En cierto sentido, se podría decir también que Marta envidiaba a su hermana. Tal vez su queja iría precedida de una sucesión de lamentos internos: «¿Por qué tengo que hacer yo todo? Siempre es la misma historia: yo trabajando y ella como si nada». Aunque es verdad que esos razonamientos podían estar fundados, su planteamiento le impide disfrutar del privilegio de servir; es decir, en el fondo piensa que la afortunada es María, pero no cae en la cuenta de que también ella lo es por poder hacer la vida agradable a Cristo y a sus discípulos. Así es como actúa el vicio de la envidia: nos hace despreciar lo que tenemos entre manos y nos entristece ante las cosas buenas que tienen los demás.
Jesús entendía el problema de Marta. Por eso no le pidió que cambiase externamente, que dejase todo lo que tenía entre manos y se sentase a escuchar. ¿Cómo habrían podido comer y descansar del viaje el resto de acompañantes? El cambio que le pidió era principalmente interno: le invitaba a vivir sus quehaceres con otra actitud. Marta estaba haciendo muchas cosas, pero se había olvidado de lo más importante: Jesús estaba en su casa y ella… ¡no escuchaba sus palabras!
La narración del evangelista termina aquí. Pero nosotros podemos imaginar cómo prosiguió la escena. Es posible que María se hubiese levantado apenas oyó la voz de su hermana; pero tal vez, al sentirse avalada por lo que había dicho Jesús, siguió sentada a sus pies. Lo más seguro es que Marta continuara sirviendo, pero de una manera distinta, mucho más serena. Trabajaría sin perderse ni una sola palabra que salía de los labios de su Maestro. Valoraría el bien que estaba haciendo a los demás, sin caer en comparaciones. No olvidaría a quién tenía a su lado ni para quién estaba trabajando. En definitiva, había aprendido cuál era el verdadero sentido de sus quehaceres: «La persona humana debe trabajar, sí; empeñarse en las ocupaciones domésticas y profesionales; pero ante todo tiene necesidad de Dios, que es luz interior de amor y de verdad. Sin amor, hasta las actividades más importantes pierden valor y no dan alegría. Sin un significado profundo, toda nuestra acción se reduce a activismo estéril y desordenado. Y ¿quién nos da el amor y la verdad sino Jesucristo?».
Ese cambio de actitud que Jesús pidió a Marta –y a cada uno de nosotros– solo es posible a través del amor. No es un simple esforzarse por poner más atención o esmero en las tareas de cada día: se trata de trabajar sintiéndonos mirados por el Señor. De este modo, el trabajo se convierte en un acto de amor constante, un te quiero continuo, que va más allá de lo que podamos repetir con nuestros labios o nuestros pensamientos. «Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas».