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7 noviembre 2027

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO. La lucha de un alma enamorada

PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (4 de 4)
La lucha de un alma enamorada
Diego Zalbidea

Descubrir el Amor que Dios nos tiene es el motivo más grande que podemos hallar para amar. De igual modo, «la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más». No son ideas abstractas. Lo vemos en ejemplos tan humanos como el endemoniado de Gerasa, quien, tras ser liberado por Jesús y ver cómo sus connacionales rechazaban al Maestro, «le suplicaba quedarse con él» (Mc 5,18). Lo vemos también en Bartimeo, quien, tras ser curado de su ceguera, «le seguía por el camino» (Mc 10,52). Lo vemos finalmente en Pedro, quien solo tras haber descubierto la hondura del Amor de Jesús, que le perdona y confía en él después de su traición, puede responder a su llamada: «Sígueme» (Jn 21,19). El descubrimiento del Amor de Dios es el motor más potente para nuestra vida cristiana. De ahí nace nuestra lucha.

San Josemaría nos animaba a considerarlo desde la perspectiva de nuestra filiación divina: «Los hijos… ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres! Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza! Y tú… ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre-Dios?». La presencia de Dios no llena de temor a sus hijos. Ni siquiera cuando caen. Sencillamente, porque Él mismo ha querido decirnos del modo más claro posible que, también cuando caemos, nos está esperando. Como el padre de la parábola, está deseoso de venir a nuestro encuentro en cuanto le dejemos, y echarse a nuestro cuello y llenarnos de besos (cfr. Lc 15,20).

Ante el posible temor a contristar a Dios, podemos preguntarnos: ¿este temor me une a Dios, me hace pensar más en Él?, ¿o me centra en mí: en mis expectativas, en mi lucha, en mis logros? ¿Me lleva a pedir perdón a Dios en la Confesión, y llenarme de gozo al saber que me perdona?, ¿o me conduce a la desesperanza? ¿Me sirve para recomenzar con alegría?, ¿o me encierra en mi tristeza, en mis sentimientos de impotencia, en la frustración que nace de una lucha basada en mis fuerzas… y en los resultados que consigo?