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22 noviembre 2027

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS?

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS? (4 de 4)
Juan Carlos Ossandón

Decíamos al inicio que el pasaje que estamos comentando era un buen punto de partida para acercarse a la trama del Evangelio. En efecto, en el Evangelio de san Marcos, la progresiva revelación de quién es Jesús está acompañada por la insistencia en la incomprensión de los discípulos, que aparece con claridad en los tres episodios en la barca (cfr. Mc 4,36-41; Mc 6,45-52; y Mc 8,14-20). Sin embargo, más adelante los discípulos parecen seguir sin dar señales de mejoría. Pedro confiesa a Jesús como el Mesías, pero rechaza que tenga que sufrir y morir (cfr. Mc 8,27-33). Santiago y Juan le piden los primeros puestos y los otros diez se indignan (cfr. Mc 10,32-45) porque tenían las mismas ambiciones humanas. Antes habían discutido entre ellos quién sería el mayor (cfr. Mc 9,33-37) y habían rechazado a los niños que se acercaban a Jesús (cfr. Mc 10,13). Y tras el prendimiento de Jesús, todos lo abandonan (cfr. Mc 14,50) y Pedro lo niega (cfr. Mc 14,66-72).

Los discípulos no consiguen entender con profundidad quién es Jesús y, en el momento decisivo, lo dejan solo. No obstante, el mismo Evangelio nos muestra que su situación no es desesperada. Es verdad que tienen oídos y no oyen, como les dice el Señor en la barca, pero poco antes él había demostrado que puede curar a un sordo. No son capaces de ver, pero lo primero que hará Jesús después de atravesar el lago es devolver la vista a un ciego (cfr. Mc 8,22-26) y lo repetirá al salir de Jericó (cfr. Mc 10,46-52. Al final del Evangelio, cuando las mujeres acuden al sepulcro en la mañana del domingo, se les aparece un joven de vestiduras blancas que les anuncia que Jesús ha resucitado. Y añade: «Decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis». (Mc 16,8). Verán a Jesús, porque se les aparecerá resucitado. Pero lo verán también en el sentido de que finalmente sus ojos y sus oídos se abrirán y su corazón será capaz de comprender y de confesarlo como «Cristo e Hijo de Dios» (Mc 1,1).