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15 noviembre 2027

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS? Un final abierto

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS? (3 de 4)
Un final abierto
Juan Carlos Ossandón

El episodio acaba con un interrogante: «¿Todavía no entendéis?» (Mc 8,21). El Señor no dice exactamente qué es lo que los discípulos aún no han entendido. Como en otras ocasiones, el Evangelio no nos da todas las explicaciones que quizá nos gustaría recibir, como si nos dejara la tarea de descubrirlo por nosotros mismos. Es lo que ocurre con muchas buenas películas, que no acaban cerrando del todo. Son aquellos finales que en parte se dejan a libre interpretación del espectador, de modo que permiten reflexionar sobre el sentido que el director ha querido dar al film.

En este caso, del reproche de Jesús podríamos deducir que para él las dos multiplicaciones no se encuentran al mismo nivel que los demás signos que ha llevado a cabo, como las curaciones de enfermos o las expulsiones de espíritus inmundos, sino que encierran una revelación distinta. Parece que hay algo en estos dos milagros que los vuelve particularmente importantes, algo que se les escapa a los discípulos y tal vez también a nosotros. Ahora se vuelve más acuciante preguntarnos de nuevo si hemos entendido lo de los panes o si, en cambio, somos ciegos y sordos, como los discípulos.

Para entender más lo que enseñan las dos multiplicaciones de los panes y de los peces sobre la identidad de Jesucristo, puede ser útil volver nuestra mirada al inicio de la película de la historia de la salvación. El pueblo de Israel había huido de Egipto y, tras pasar en medio de las aguas del mar, comenzaba una peregrinación por el desierto de cuarenta años. El Señor, a través de la intercesión de Moisés, mandó a su pueblo el alimento para afrontar la travesía: el maná y las codornices (cfr. Ex 16,13-36). Ahora, al multiplicar los panes y los peces, Jesús muestra que es él mismo quien alimenta a la muchedumbre. Por eso, quien comprende bien lo de los panes, no debería extrañarse de que Jesús controle el mar y el viento ni de verlo caminar sobre las aguas, pues el Dios de Israel había mostrado su poder precisamente sobre las aguas del mar.