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1 noviembre 2027

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS? Una discusión en la barca

¿TODAVÍA NO COMPRENDÉIS? (1 de 4)
Una discusión en la barca
Juan Carlos Ossandón

Una buena película no es una mera sucesión de escenas sin vínculo entre sí, sino que se desarrolla siguiendo un guion preestablecido. Técnicamente, es lo que se conoce como trama, que suele tener tres partes: la introducción, en la que se presentan los personajes y se plantea un problema; el desarrollo, que es la parte más larga; y el final, donde se resuelve el problema inicial.

Con los Evangelios pasa algo parecido. No se trata de una serie inconexa de episodios, sino que siguen también una trama. Esto nos permite apreciar el carácter progresivo de la revelación de Jesús. Él no se manifestó a todos como Hijo de Dios y Mesías de Israel desde el primer momento, sino que fue siguiendo un plan para que la muchedumbre y quienes lo seguían más de cerca pudieran comprender quién era él. Leer el Evangelio de esta manera, intentando ubicar cada pasaje dentro de la trama y preguntándose por qué es así, puede resultar de gran ayuda para profundizar en nuestro conocimiento personal de Jesucristo.

Con la cabeza en otra cosa

Hay un pasaje del evangelio de san Marcos en el que resulta fácil identificar sus relaciones con otros momentos de la vida del Señor. Se trata del diálogo entre Jesús y sus discípulos mientras atraviesan el mar de Galilea después de la segunda multiplicación de los panes y de los peces (cfr. Mc 8,14-20). Los apóstoles habían cometido un error que le podía suceder a cualquiera de nosotros: «Se olvidaron de llevar panes y no tenían consigo en la barca más que un pan» (Mc 8,14). Es fácil imaginar el revuelo que habría ocasionado semejante despiste. Tal vez estarían echándose la culpa los unos a los otros:

«¿No te dije que te encargaras tú? ¿Ahora cómo nos las arreglamos?». En medio de la agitación Jesús tomó la palabra y les dijo: «Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes» (Mc 8,15).

¿A qué se refería el Señor exactamente? ¿Qué tenía que ver ese aviso con la falta de pan en la barca? Para entender bien el significado de estas palabras, es necesario echar la vista atrás (cfr. Mc 8,11-13). Resulta que antes los fariseos se habían acercado a Jesús para pedirle un signo del cielo, pero él los había rechazado sin explicar por qué. Es más, el evangelista nos detalla un cierto tono de cansancio en la voz del Maestro: «Suspirando desde lo más íntimo, dijo: “¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que a esta generación no se le dará ninguna señal» (Mc 8,12). Y es que Jesús acababa de realizar un gran signo: había dado de comer a miles de personas en un lugar desierto. ¿Para qué añadir otro signo si los fariseos no están dispuestos a aceptarlo? Como había explicado en la parábola del sembrador, la semilla de la palabra de Dios lleva en sí misma una enorme potencialidad, pero no puede desarrollarla si la tierra donde cae no es buena, si las disposiciones del que escucha no son las adecuadas (cfr. Mc 4,3-20).

Los apóstoles conocían bien los desencuentros entre Jesús y los fariseos. Por ejemplo, habían visto cómo se escandalizaban al ver al Señor comiendo con publicanos y pecadores o realizando en sábado lo que, en su interpretación de la ley, no estaba permitido. Probablemente sabían que los fariseos se habían puesto de acuerdo con los herodianos para ver cómo acabar con él (cfr. Mc 3,6). La situación con Herodes era parecida, pues fue el que mandó decapitar a Juan Bautista (cfr. Mc 6,14-29). Por eso, cuando Jesús dice «estad alerta y guardaos de la levadura de fariseos y Herodes», los discípulos ya tenían elementos para entender a qué se refería, o al menos intuirlo. Sin embargo, a pesar de tener algunos elementos que podían orientarlos, los discípulos no acaban de captar lo que les dice Jesús. La reacción que recoge el evangelista nos muestra en qué tenían la cabeza: «Y ellos comentaban unos con otros que no tenían pan» (Mc 8,16). «No eran cultos, ni siquiera muy inteligentes, al menos en lo que se refiere a las realidades sobrenaturales. Incluso los ejemplos y las comparaciones más sencillas les resultaban incomprensibles (…). Cuando Jesús, con una imagen, alude al fermento de los fariseos, entienden que les está recriminando por no haber comprado pan».

A la advertencia del Maestro a no dejarse influenciar por el estilo de vida de los fariseos y del tetrarca Herodes Antipas ellos responden con la preocupación de que no tenían con qué comer, «estaban tan cerrados culpándose que no tenían ya espacio para otra cosa, no tenían más luz para la Palabra de Dios».