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12 octubre 2027

MAESTROS Y COMPAÑEROS DE ORACIÓN. Biografías que son como nuestras vidas

MAESTROS Y COMPAÑEROS DE ORACIÓN (4 de 6)
Biografías que son como nuestras vidas
Carlo de Marchi

María es un testigo único de la cercanía con Dios que anhelamos, pero también lo son los santos, cada uno de manera personal y específica. «Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios», enseña Benedicto XVI en un documento en el que sugiere algunos maestros: «San Ignacio de Loyola en su búsqueda de la verdad y en el discernimiento espiritual; san Juan Bosco y su pasión por la educación de los jóvenes; san Juan María Vianney y su conciencia de la grandeza del sacerdocio como don y tarea; san Pío de Pietrelcina y su ser instrumento de la misericordia divina; san Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad; la beata Teresa de Calcuta, misionera de la caridad de Dios para con los últimos».

Humanamente es natural tener simpatía por ciertas maneras de ser, por personas que se dedican a tareas que nos atraen más o que hablan de una manera que nos llega directamente al corazón y a la mente. El conocimiento de la vida y las experiencias de un santo, junto a la lectura de sus escritos, son momentos privilegiados para cultivar una verdadera relación de amistad con él o ella. Sin embargo, si se subrayan solo los ejemplos extraordinarios de la vida y de la oración de los santos, corremos el riesgo de hacer que su ejemplo sea un poco más lejano y más difícil de seguir. «¿Os acordáis de Pedro, de Agustín, de Francisco? Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina, nos presentan las hazañas de esos hombres como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno». San Josemaría siempre insistió en la importancia de no idealizar a las personas, ni siquiera a los santos canonizados por la Iglesia, como si hubieran sido perfectos. «No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha». Este enfoque realista hace que el testimonio de los santos sea mucho más creíble, precisamente porque son similares a cada uno de nosotros. Entre los santos, dice el Papa Francisco, «puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cfr. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor».

Nuestra perspectiva sobre la oración puede ser más completa cuando la vemos encarnada en la vida de las personas. La familiaridad con los santos nos ayuda a descubrir diferentes maneras de comenzar y recomenzar a orar de nuevo. Puede ofrecernos una nueva luz, por ejemplo, saber que el salmo 91 fue un gran consuelo para santo Tomás Moro durante los largos meses que pasó en la cárcel: «Bajo sus alas encontrarás refugio... tú has elegido al Señor como refugio... Porque se ha unido a mí, lo libraré». El salmo que consoló a un mártir en la desolación de la prisión, ante la perspectiva de la muerte violenta y del sufrimiento de sus seres queridos, también puede señalarnos un camino de oración en las pequeñas y grandes contrariedades de la vida.