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21 enero 2027

Sin lugar al desaliento

Sin lugar al desaliento
María Candela

Como todo lo que lleva el sello de lo divino, también la Obra dio sus primeros pasos en unas circunstancias adversas. El nacimiento del Opus Dei coincide con momentos difíciles en la historia de la humanidad: en 1928 hacía una década que se había concluido la Primera Guerra Mundial, se avecinaba una fuerte crisis económica en Occidente y los totalitarismos europeos incipientes anunciaban un panorama inquietante que desembocaría en un conflicto bélico global de consecuencias aún más catastróficas. La situación en España no era mejor: el régimen político era inestable, y la situación económica y social era precaria para la mayoría de la población.

En la meditación que predicó el Padre el pasado 14 de febrero en Roma, consideraba estos hechos y, descendiendo a las circunstancias concretas de cada uno, nos alentaba: «La situación actual también es difícil. Siempre habrá dificultades, en la labor apostólica o personales, pero no nos tenemos que asustar, ni mucho menos desalentar o desanimar, ni por las dificultades en la Obra, ni por las que cada uno encontremos en nuestra vida personal, en la labor apostólica o en nuestro trabajo».

«El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil», escribía san Josemaría. Y añadía: «Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo se cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad».