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PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (3 de 7)
Tiempo para Dios
Juan Francisco Pozo - Rodolfo Valdés
La historia de la samaritana se repite en muchas almas: Jesús pide un poco de atención, intenta suscitar un diálogo dentro del corazón, en un momento que quizá parece inoportuno. ¡Da la impresión de que esos minutos diarios son demasiados, que no hay espacio en una agenda tan apretada! Sin embargo, dedicar tiempo al Señor no es una tarea entre otras, una carga más en un horario muchas veces exigente. Es, más bien, un regalo infinitamente valioso, una perla preciosa o un tesoro escondido en la normalidad de la vida ordinaria, que necesitamos cuidar con delicadeza.
La elección del momento de la oración depende de una voluntad que quiere dejarse conquistar por el Amor: no se hace oración cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo para hacer oración. Cuando uno supedita la oración a los huecos que aparezcan en su horario, posiblemente no conseguirá hacerla con regularidad. Al mismo tiempo, la elección del momento revela los secretos del corazón, pues manifiesta el lugar que ocupa el amor a Dios en la jerarquía de nuestros intereses diarios. «Se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes; una vez más, es el momento de la verdad del corazón y de clarificar preferencias». El Señor es lo primero. Por este motivo, es muy conveniente determinar el horario adecuado para la oración, quizá aconsejándose en la dirección espiritual, para adaptar ese plan a las circunstancias personales.
Por otra parte, no hay que perder de vista que orar es siempre posible: el tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado, que está con nosotros todos los días (cfr. Mt 28,20). San Josemaría hizo muchos ratos de oración en el coche, durante los viajes que realizaba por motivos apostólicos; en el tranvía, o caminando por las calles de Madrid, cuando no tenía otra posibilidad. Quienes están llamados a santificarse en medio de la vida ordinaria pueden encontrarse en situaciones parecidas: un padre o una madre de familia, algunas veces quizá no tendrán otra opción que orar al Señor mientras atienden a los hijos pequeños: será muy grato a Dios. En todo caso, nos ayudará a elegir el tiempo y el lugar más oportunos no perder de vista que el Señor nos espera, y tiene preparadas las gracias que necesitamos para ofrecérnoslas en la oración.