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29 septiembre 2027

LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA. Quietud… paz… vida intensa dentro de ti

LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA (4 de 4)
Quietud… paz… vida intensa dentro de ti
Andrés Cárdenas Matute

Cuando empieza a tratar de la oración, el Catecismo nos sorprende con una pregunta que funciona como examen de conciencia permanente: «¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde «lo más profundo» (Sal 130,1) de un corazón humilde y contrito?». Porque, en realidad, «la humildad es la base de la oración». Efectivamente, aquella mirada de eternidad que genera en nosotros la oración contemplativa solo puede crecer en el terreno fértil de la humildad, en un clima de apertura hacia las soluciones de Dios, en lugar de las recetas únicamente nuestras. A veces una excesiva confianza en nuestra inteligencia y en nuestra planificación puede hacer que, en la práctica, lleguemos a vivir casi como si Dios no existiese. Necesitamos siempre una nueva humildad ante la realidad, ante las personas, ante la historia, que sea una tierra fecunda para las acciones de Dios. Esa era también la experiencia del rey David: «El mundo que se presenta ante sus ojos no es una escena muda: su mirada capta, detrás del desarrollo de las cosas, un misterio más grande. La oración nace precisamente de allí: de la convicción de que la vida no es algo que nos resbala, sino que es un misterio asombroso».

Al participar de esa mirada de Dios que nos ofrece la contemplación en medio del mundo, saciaremos, en la medida de lo posible, nuestros anhelos de unidad: con Dios, con los demás, dentro de nosotros mismos. Nos sorprenderemos trabajando infatigablemente por el bien de los demás y de la Iglesia, al ver que nuestros talentos florecen «como un árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto a su tiempo» (Sal 1,3). Gustaremos un poco de aquella armonía a la que estamos destinados. Gozaremos de aquel sosiego que no encontramos de ninguna otra manera. «¡Galopar, galopar!...

¡Hacer, hacer!... Fiebre, locura de moverse... (…) Es que trabajan con vistas al momento de ahora: “están” siempre “en presente”.

—Tú... has de ver las cosas con ojos de eternidad, “teniendo en presente” el final y el pasado... Quietud. —Paz. —Vida intensa dentro de ti».