-
MAESTROS Y COMPAÑEROS DE ORACIÓN (2 de 6)
María ora cuando está alegre…
Carlo de Marchi
Las mujeres y hombres que nos han precedido son testigos de que el diálogo vital con Dios es realmente posible en medio de tantas idas y venidas que a veces nos pueden llevar a pensar lo contrario. Entre ellos, un testimonio fundamental es el de santa María. Su tierna cercanía con Jesús, en la vida cotidiana de Nazaret, dio lugar a la experiencia más viva de diálogo con el Padre. Como en todo hogar, habría en el suyo momentos buenos y momentos más difíciles; sin embargo, en medio de estados de ánimo acaso muy diferentes, la Virgen siempre oraba.
Santa María ora, por ejemplo, cuando está alegre. Sabemos que, poco después de recibir el anuncio del ángel, sale «deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá» (Lc 1,39) para visitar a su prima Isabel. Ha recibido la noticia de que la familia va a crecer en número con un nuevo sobrino, lo cual es digno de ser festejado; mucho más si se trata de un suceso inesperado, dada la edad de Isabel y de Zacarías. «La descripción que hace san Lucas del encuentro entre las dos primas está llena de emoción, y nos sitúa en un escenario de bendición y alegría»; emoción a la que, de alguna manera, se une el Espíritu Santo revelando la presencia física del Mesías, tanto al Bautista como a su madre.
Isabel, apenas entra María a su casa, la alaba con afecto, utilizando palabras que se convertirán en una oración universal. Nosotros nos hacemos eco a diario de ellas, adentrándonos también en esa alegría: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42). La Virgen, por su parte, responde con emoción al entusiasmo de su prima: «Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador». El Magnificat, nombre que la tradición ha dado a esta respuesta de nuestra Madre, nos enseña lo que es una oración de alabanza que se ha empapado de la Palabra de Dios. Como señala Benedicto XVI, «María conocía bien las sagradas Escrituras. Su Magníficat es un tapiz tejido con hilos del Antiguo Testamento». Cuando sentimos nuestros corazones llenos de gratitud por un don que hemos recibido, es el momento de explayarnos con Dios en nuestra oración —tal vez con palabras de la Escritura— reconociendo las cosas grandes que ha hecho en nuestra vida. La acción de gracias es una actitud fundamental en la oración cristiana, especialmente en los momentos de alegría.