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4 agosto 2027

ORANDO CON TODA LA IGLESIA

ORANDO CON TODA LA IGLESIA (1 de 5)
Juan Rego

Es abril de 1936 y en España hay mucha tensión social. Sin embargo, la Academia DYA procura mantener su clima habitual de estudio y de convivencia. En medio de aquellas extrañas jornadas, un residente cuenta por carta a sus padres que el día anterior han ensayado canto litúrgico, ayudados por un profesor, en un ambiente muy alegre. En ese contexto particular, más allá de los buenos momentos que pasaban entre ellos, ¿por qué razón treinta universitarios, un domingo por la noche, estaban teniendo una clase de canto?

La respuesta la podemos encontrar un par de meses atrás, cuando san Josemaría había incluido en el plan de formación de la Academia precisamente algunas clases de canto gregoriano. Aunque sabemos que, como párroco en Perdiguera, san Josemaría solía celebrar Misa cantada, aquella inclusión curricular no respondía a una inclinación personal. Tampoco se debía a un interés erudito, consecuencia del conocimiento y desarrollo del Movimiento litúrgico en España. Esa decisión fue, más bien, fruto de su experiencia pastoral, movida solamente por el deseo de ayudar a aquellos jóvenes a que se convirtieran en almas de oración.

Es interesante observar un detalle de las tres publicaciones en las que trabajaba san Josemaría en aquellos años treinta, todas ellas dirigidas justamente a facilitar el diálogo con Dios: cada una de ellas respondía a una de las tres grandes formas de expresión de la oración cristiana. La primera se centraría en la meditación personal, otra fomentaría la piedad popular y la última animaría al lector a sumergirse en la oración litúrgica. El fruto de la primera iniciativa fue Consideraciones espirituales, base de su conocida obra Camino; el fruto de la segunda, el breve librito Santo Rosario. Para la tercera iniciativa, proyectó una obra que se titularía Devociones litúrgicas. Aunque la publicación de esta última obra estaba anunciada para 1939, por diversas razones nunca llegó a ver la luz. Sin embargo, todavía se conserva el prólogo que había preparado don Félix Bilbao, obispo de Tortosa, y que lleva por título «¡Orad y orad bien!». En ese texto inédito se anima a los lectores a adentrarse, de la mano del autor del libro, en la liturgia de la Iglesia, para llegar a una «oración eficaz, jugosa, sólida, que los una íntimamente con Dios».